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La conexión Krishnamurti
Artículo por Bob James tomado de Buddhist Letters
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La ciencia y la medicina nos dicen que los humanos son mamíferos y que por
lo tanto están relacionados a muchos otros animales que comparten nuestro medio ambiente. Entre las cosas que tenemos en común con los animales son ciertas características de funciones del cuerpo. Más específicamente estas funciones están agrupadas en sistemas tales como el sistema circulatorio, sistema muscular, sistema digestivo y el sistema nervioso. Todos los animales necesitan estos sistemas para poder sobrevivir. Algunos animales dependen más en un sistema que en otros para sobrevivir. La mayoría de los animales hacen un uso intenso del sistema muscular y el sistema digestivo para moverse y para asimilar la comida, pero los gusanos parasitarios tienen poca necesidad de los músculos para moverse o un tracto digestivo para procesar su alimento. Quizá más que ningún otro animal el humano depende de un sistema nervioso altamente desarrollado, el cual ha evolucionado hacia una más alta capacidad de memoria con la habilidad resaltada para el pensamiento abstracto. Tan altamente desarrollada está la habilidad humana para la memoria y el pensamiento abstracto que los humanos le han dado varios nombres al producto de su sistema nervioso. Nombres tales como conceptos, teorías, ideas y creencias han sido aplicadas al proceso de pensamiento humano. Al paso de las edades los pensamientos y creencias de los humanos se han convertido más y más importante para ellos, parcialmente porque los pensamientos tenían a menudo que ver con la sobreviviencia, pero también porque el énfasis intenso que fue puesto en los pensamientos y creencias hicieron de estos algo real para la mayoría de los humanos. Mientras pasó el tiempo muchas de estas creencias empezaron a tomar una realidad y una vida propia, independiente de la realidad externa que los humanos y otros animales habían conocido hasta aquí. Algunas de las creencias se hicieron tan reales y tan poderosas para aquellos a quienes sus sistemas nerviosos lo crearon, que se convirtieron en subtitutos de la realidad. En la áspera lucha por sobrevivir el sufrimiento era frecuentemente inevitable y solo podría esperarse que los humanos tarde o temprano aprenderían a escaparse de las miserias de la existencia al vivir en un mundo irreal generado por su sistema nervioso altamente avanzado. La habilidad reforzada de los humanos para pensar en salidas a sus problemas condujo a una sorprendente nueva actividad: escapar de los reinos de la realidad hacia un mundo habitado por creencias. En toda esta probabilidad esta actividad vino meramente como un accidente como el producto de un cerebro superior. Así el animal humano se separó así mismo de los otros animales al usar su sistema nervioso para algo que nunca antes había sido usado en ningún grado por ningún otro animal: para el sostenimiento de creencias que no tienen bases en la realidad. Hasta este punto el uso de las creencias y pensamientos como una diversión humana lejos de una lucha para sobrevivir parece algo inofensivo. Pero otra sorpresa inesperada fue almacenada en ese avanzado sistema nervioso humano. Los humanos empezaron a idolatrar y hacer culto a sus creencias. Crecieron apegados a los pensamientos que sintieron serían un resguardo de las necesidades temerosas del vivir. Sus pensamientos se conviertieron en muletas en las cuales podrían siempre apoyarse. Como cojos, muchos humanos empezaron a colgar sus creencias desesperádamente. Las creencias fueron tratadas como posesiones. Temerosos que algun grupo externo con distintas creencias podrían privarlos de sus posesiones mentales, muchos de ellos fueron preparados para pelear y morir por el producto de su propio sistema nervioso. Los animales han peleado y muerto por comida, por territorio y por su pareja, pero nunca antes los animales se han involucrado en batallas de muerte para preservar un conjunto de creencias sobre otras. En estos tiempos las creencias le han sido dadas aún mas grandes y sonoros nombres tales como ideales, libertad, consciencia, Dios, país, sendero sagrado. Los humanos perdieron la objetividad e intuición para ver que los conceptos como "mi ideal", "mi libertad", "mi Dios", "mi camino" y "mi país" nunca aparecieron caminando por la calle y que su realidad es una ilusión que sólo existe dentro del cerebro de los humanos quienes han albergado estas creencias. La mayoría de los humanos caracen de esta perspectiva para saber y entender el dilema de que los animales humanos han inadvertidamente caído víctimas de ésto. En la historia humana se ha hecho mención de algunos raros individuos quienes tienen la objetividad y la perspectiva con la cual entender la condición humana. Muchas de las palabras grabadas de estos profetas hacen eco una y otra vez en una forma u otra: "Conócete a tí mismo" fue probablemente el consejo más común ofrecido por todos los profetas. Y así, este consejo ha sido casi totalmente ignorado, siendo ahogado en un y otro sistema de creencias a lo largo de la mayoría de las culturas y religiones del mundo. Los humanos, estando ciegos por sus posesiones de sus propias creaciones de pensamiento, fallaron en poner atención a este dictado de la mayor importancia. En lugar tomaron las palabras de sus profetas y trataron de interpretarlas como creencias, casi literalmente. En lugar de intentar ver hacia dentro e intentar entender aquello que han creado dentro de sus tallos del cerebro, sucumbieron a la tiranía de sus insignificantes creencias. Inconcientemente siguieron caminos que su sistema nervioso y sus creencias habían puesto para entramparlos. Sabemos muy poco acerca de algunos de los profetas que han tenido algún "insight" de la dificultad humana. Aquellos que han tenido el regalo de este "insight" incluyendo los líderes de las religiones mundiales y un puñado de místicos con este don. Jiddu Krishnamurti fue uno de estos místicos. Krishnamurti (1895-1986) nació en una familia Brahmin de medios más o menos moderados, en el sudeste de la India. Su vida pudo haber sido una sin mayores eventos si no hubiese sido por el Inglés Charles Webster Leadbeatter, quién descubrió al niño, sucio y desnutrido, mientras caminaba en la playa cerca de Madras al iniciar este siglo. Charles Leadbeatter compartía la posición prestigiosa de ser uno de los dos líderes mayores de la Sociedad Teosófica junto con Annie Besant, la presidenta. La Sociedad Teosófica había evolucionado a una poderosa organización que tenía sus raíces en cada país industrializado a lo largo del planeta. Sus miembros eran a menudo ricos e influyentes. Sus objetivos eran formar una clase de orden mundial o religión que ultimadamente combinarían todas las religiones existentes, tanto orientales como occidentales, hacia un orden unitario mundial. La Sociedad Teosófica estaba buscando un Instructor Mundial, un profeta que se convertiría en el líder para este nuevo orden mundial. Era en Krishnamurti que Leadbeatter vio un instrumento para este nuevo orden. Con la aprobación de Annie Besant y sus padres, Krishnamurti y su hermano Nitya, fueron enviados a Inglaterra para ser educados. Al alcanzar la edad de veinte, Krishnamurti hablaba inglés fluídamente. Como una persona con el don del habla y la escritura, fue introducido a la vida intelectual y social de Inglaterra. La Sociedad Teosófica formó una nuevo escalón interno llamado "La Orden de la Estrella del Oriente" e hizo a Krishnamurti su líder tanto en materia temporal como espiritual. Por un número de años Krishnamurti presidió sobre grandes reuniones de teósofos de todas partes del mundo. Fue aclamado y aceptado como el profeta de la nueva orden. Luego dos eventos inesperados cambiaron las cosas para siempre en la vida de Krishnamurti. Su hermano, Nitya, murió de tuberculosis en 1925, y en 1929 mientras descansaba en el estado de Ojai Valley de California, Krishnamurti fue atacado por sueños febriles. Un día el vagaba en un bosquecillo cercano y se detuvo para descansar debajo de un arbol de pimienta. Era mientras estaba bajo el arbol que sentimientos indescifrables de unidad con la naturaleza se apoderaron de él. El afirmó que pudo en algún sentido fusionarse con los insertos y las hojas del árbol. El afirmó ser capaz de ver las cosas con mayor claridad que antes en su vida y que había tocado la cara del infinito. Dentro de dos años de estas experiencias Krishnamurti formalmente desmanteló "La Orden de la Estrella del Oriente". Para el asombro y decepción de Annie Besant y otros teósofos, soltó todo el poder y prestigio que el había ganado bajo su tutelaje. Proclamó que la verdad no podía ser encontrada a través de membresías en ninguna organización que fuese creada por el hombre y que ninguna organización debería ser establecida por el hombre para mostrar a otros el correcto sendero a la verdad. En resúmen, cada persona tendría que encontrar la verdad por ellos mismos.
Para Krishnamurti la conglomeración de pensamientos y creencias que cada humano
adquiere
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