Cuando Haydee Massoni asiste a las reuniones con políticos
o dirigentes de la sociedad civil en Comas, un barrio pobre en
las afueras de la capital peruana, ya no le dicen Haydee ni señora
Massoni. La llaman "Panchita", haciendo referencia a
un grupo al que ella representa en el barrio.
Massoni es una de cuatro coordinadores de divulgación para
una organización que se dedica a enseñar acerca
de los derechos de las empleadas de servicio doméstico,
uno de los grupos más discriminados y marginalizados en
Perú.
La organización se llama "La Casa de Panchita".
"Desde que empecé a trabajar con el programa, la gente
me llama Panchita cada vez que voy a una reunión.
"Esta es una señal que indica que nos reconocen, pero
todavía queda mucho por hacer para convertir ese reconocimiento
en progreso real para las mujeres", agregó Massoni.
Buena parte del éxito de los Objetivos de Desarrollo del
Milenio que se discuten en una cumbre en Nueva York esta semana,
y que incluyen a la igualdad de género, dependerá
de si grupos como este, apoyados por los gobiernos, pueden superar
los obstáculos.
Arañando la superficie
La Casa de Panchita se abrió en 1998 como un centro de
atención para las empleadas domésticas.
Es una ONG financiada por entidades extranjeras de beneficencia,
y opera con un presupuesto anual de cerca de us$20 mil. Aunque
la organización ha venido jugando un papel en los esfuerzos
para mejorar las condiciones de las empleadas domésticas,
los organizadores dicen que apenas están comenzando a arañar
la superficie.
Blanca Figueroa, fundadora de la Casa de Panchita, dice que uno
de los primeros problemas es averiguar cuantas mujeres (casi todo
el servicio doméstico en Perú esta compuesto por
mujeres o niñas) son empleadas domésticas.
"Nadie quiere identificarse a sí misma como una empleada
doméstica, porque ese trabajo goza de una valoración
apenas superior a la de la prostitución.
"Muchas de ellas ni siquiera consideran lo que hacen un trabajo
y te dicen que le están dando una mano a un familiar o
vecino", dice Figueroa, quien empezó a trabajar en
el tema en la década de 1970.
Las empleadas
domésticas mujeres y niñas son invisibles
porque están dentro de las casas y simplemente no
son contadas |
"Invisibles"
De acuerdo a las estadísticas del ministerio del Trabajo,
hay aproximadamente 300.000 empleadas domésticas adultas.
Adicionalmente, la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) estima que cerca de 110.000 niñas menores de 18 años
de edad son empleadas de servicio doméstico.
Figueroa sostiene que un estimativo conservador podría
doblar la cifra dada por el ministerio, y cree que un nuevo proyecto
que su ONG lleva a cabo con la OIT revelará que el número
de niñas empleadas como ayudantes domésticas es
mucho mayor.
"Las empleadas domésticas mujeres y niñas son
invisibles porque están dentro de las casas y simplemente
no son contadas", agregó Figueroa.
Concientización
Los comentarios de Figueroa tienen apoyo en los resultados de
una encuesta llevada a cabo en enero de este año por el
Centro de Estudios Sociales y Publicaciones (CESIP) en Lima.
De los encuestados, 82% no veían ningún problema
con que las empleadas domesticas trabajaran siete días
a la semana y sólo 26% dijeron que aquellas que trabajaban
como internas en las casas deberían recibir un salario.
Apenas un 8% sabían que hay una ley en los códigos
que garantiza un día de descanso y un salario negociado.
El gobierno peruano aprobó la Ley de Empleadas Domésticas
en 2003 para esbozar los derechos básicos que deben ser
respetados.
Figueroa dice que la ley es un paso positivo, pero es difícil
de hacerla cumplir.
Sin salud
El ministerio del Trabajo, por ejemplo, informó que sólo
40% de las empleadas domésticas tienen acceso a los servicios
de salud, pese al hecho que la ley requiere afiliación
a esos servicios para las empleadas domésticas de tiempo
completo.
Uno de los esfuerzos principales emprendidos por La Casa de Panchita
es aumentar el conocimiento entre las empleadas de servicio acerca
de sus derechos.
El programa ofrece asesoría en búsqueda de trabajo
y cursos en temas que van desde diseño de juguetes a lecciones
de ingles.
Los esfuerzos de divulgación, como el que involucra a Massoni,
buscan educar a los funcionarios de elección popular y
a los dirigentes comunitarios acerca de los derechos de las empleadas
domésticas.
Luisa Paucar, de 23 años de edad, ha venido tomando parte
en las actividades patrocinadas por la Casa de Panchita durante
los últimos tres años.
Dice que el programa no solo le permitió enterarse de sus
derechos, sino que le dio la fuerza para decirle a su empleadora
que quería que esos derechos se respetaran.
"Es difícil para mujeres jóvenes como yo, que
llegan a Lima del campo. No conocemos la ley y la gente se aprovecha.
Yo recibí ayuda aquí y vengo cada domingo a apoyar
a las nuevas niñas", sostuvo.
| Las
mujeres son marginadas y las empleadas domésticas
son todavía más marginadas. |
Objetivos del Milenio
Las defensoras de los derechos de la mujer dicen que las dificultades
confrontadas por las empleadas domésticas son parte de
un problema mayor que ha evitado que Perú avance en el
cumplimiento de las Metas del Milenio para promover igualdad de
género.
Maria Esther Mogollón señala que el gobierno peruano
se ha concentrado en programas asistencialistas para mujeres en
vez de enfrentar el verdadero problema, que es expedir y hacer
cumplir la ley de igualdad de oportunidades, estancada en el congreso
hace cerca de cinco años.
"Necesitamos legislación que garantice derechos igualitarios
para las mujeres, pero el Ministerio de Asuntos de la Mujer y
Desarrollo Social se concentra en programas que suministran alimentos
y otras formas de asistencia.
"Aunque esos esfuerzos son importantes, distraen la atención
de los objetivos de igualdad y ponderar a las mujeres", puntualizó
Mogollón, quien encabeza una coalición de 15 organizaciones
conocidas como el Comité Coordinador de Mujeres por la
Igualdad de Oportunidades.
Mujeres en pobreza absoluta
Las estadísticas gubernamentales sugieren que los hogares
encabezados por mujeres tienen el doble de probabilidad de estar
viviendo en condiciones de pobreza absoluta, definida como una
familia de cuatro personas sobreviviendo con menos de un dólar
diario, que los hogares encabezados por hombres.
Pero Figueroa dice que alcanzar los Objetivos del Milenio significa
ver a mujeres pobres, incluyendo a las empleadas domésticas,
no como empobrecidas, sino como marginadas.
"Necesitamos cambiar los conceptos. Necesitamos hablar acerca
de los ciudadanos más marginados en vez de acerca de los
ciudadanos más pobres. Las mujeres son marginadas y las
empleadas domesticas son todavía más marginadas."
Pequeños pasos
La ministra de Asuntos de la Mujer y Desarrollo Social, Ana Maria
Romero, rechazó esas acusaciones, alegando que Perú
esta logrando grandes avances en alcanzar todos los Objetivos
del Milenio.
Llama la atención a una campaña, la Cruzada Nacional
por los Nombres, que apunta a asegurar que todas las mujeres y
niñas tengan certificados de nacimiento y documentos de
identificación.
Decenas de miles de mujeres adolecen de esos documentos, lo que
técnicamente significa que no existen para la legalidad
en Perú.
"Tener un nombre y una identidad es uno de los derechos más
fundamentales. No estamos trabajando tan rápido como algunos
quisieran, pero estamos logrando progreso en garantizar los derechos
y la igualdad de
las mujeres" concluyó la ministra Romero.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_4250000/4250274.stm
El foro VBA --y sus talleres de trabajo-- es una Comunidad espiritual
dedicada a honrar la vida y obra de Vicente Beltrán Anglada
a través de la meditación, el estudio y el servicio.
www.VicenteBA.org
Comentario del Editor Este tema de "las Panchitas y Panchitos"
del mundo es lacerante. En nuestros países latinoamericanos
existe un fuerte atropello hacia los derechos del desamparado,
y en este caso, hacia esas personas que nos hacen las tareas del
hogar más llevaderas o que cuidan a nuestros niños
mientras trabajamos o salimos.
Realmente, estas personas no cuentan con ninguna garantía
que haga valer sus derechos. En Chile, sin embargo, "las
asistentes del hogar" o empleadas cuentan con seguro médico
y jubilación. Si hay algo que los que estamos en este sendero
debemos hacer, es vigilar el abuso de poder. Creo que es una de
las cosas más dolorosas que hay. El abuso de poder del
empleador con el empleado, el abuso de poder en las cárceles,
en los orfanatorios, en asilos de ancianos, a veces el marido
con su mujer, algunos profesores en sus aulas, en el gobierno,
etc.
En el caso de las Panchitas, muchas trabajan hasta altas horas
de la noche, para levantarse a la madrugada del día siguiente.
Cada vez que "falta algo", siempre son las que cargan
con la culpa. A veces hasta sufren abusos de algún varón
de la familia. Muchas veces les hemos dicho a nuestras tres hijas:
"Permanezcan unas cuantas semanas sin su Panchita, haciendo
todo lo que ella haría, y verán lo duro que es el
trabajo monótono, constante, día a día, del
hogar".
Felicitamos la iniciativa del Perú. Podríamos hacer
algo similar en nuestros países. A todos los hogares con
Panchitas, les pedimos: valórenlas y tengan compasión
y paciencia; mucho pueden hacer para enseñarlas y orientarlas.
Creo que es una gran oportunidad que la Vida nos da.
"QUE LA LUZ, EL AMOR Y EL PODER RESTABLEZCAN EL PLAN
SOBRE LA TIERRA".