EL BENDECIR
Pierre Pradervan


El arte de bendecir constituye una de las prácticas espirituales más antiguas y más universales del género humano, tanto en el tiempo como en el espacio.

Que una forma de comportamiento como la bendición esté tan universalmente extendida en casi todas las culturas desde la noche de los tiempos, subraya algo muy importante: el despertar de la humanidad a una realidad básica para su misma supervivencia; realidad que podríamos denominar ley de la atracción del bien.

En su redefinición de conceptos espirituales básicos, Jesús incluye una noción radicalmente nueva de la bendición, que proporciona una visión original y llena de frescura de lo que significa realmente el arte de bendecir. Para Jesús, ser bendecido es el resultado de vivir la vida de acuerdo con las leyes fundamentales del universo, como se deduce claramente de las Bienaventuranzas. Por ejemplo, se nos dice en ellas que los que tienen un corazón limpio verán por todas partes el reflejo de Dios. Que los que tienen esclarecido su espíritu y se niegan a sutiles alambicamientos y a intelectualizar las verdades espirituales (todo esto se incluye en la noción de “pobres de espíritu”) tendrán el corazón lleno de amor incondicional (que es lo que implica la noción de “Reino de Dios”).

Subrayó además que muchas bendiciones y beneficios vendrían sobre los que irradiasen la bondad, y que “heredarán la tierra”. En otras palabras: en última instancia, la verdadera bondad acaba siempre triunfando sobre el odio, sobre la oscuridad y sobre la violencia, no porque exista una virtud moral especial de hacer el bien, de ser bueno, sino porque el amor incondicional, que se expresa bajo la forma de la bondad, constituye la estructura última de la realidad y del universo.

El hecho de bendecir activa ciertas leyes espirituales fundamentales que dirigen el universo y las relaciones humanas. Esas leyes parecen tan rigurosas como las del mundo físico, aunque también resultan más difíciles de demostrar. Por eso, al arte de bendecir no lo constituyen simplemente una serie de hermosas palabras ni unos cuantos pensamientos positivos. Cuando se comprenden y aplican conscientemente las leyes que lo sustentan, este arte puede convertirse en un instrumento poderoso de cambio para el bien, en un medio de sanación. Y por eso mismo lo podemos experimentar todos, cada hombre y cada mujer.

Al despertar, bendigan su jornada, porque desborda ya de una abundancia de bienes que sus bendiciones harán aparecer. Porque bendecir significa reconocer el bien infinito que forma parte integrante de la trama misma del universo. Ese bien lo único que espera es una señal nuestra para poder manifestarse.

“Sólo amanece el día para el que estamos bien dispuestos”, escribía el autor americano Henry David Thoreau. Parafraseándole, podríamos decir: por la calidad de nuestras expectativas, de nuestro estado de alerta, nosotros mismos escogemos el tipo de jornada que amanece en nuestras vidas. Esperar el bien nos abre a recibirlo.

Una de las expresiones más breves y potentes de esta ley – que raras veces se ha comprendido como una descripción de esta ley de las expectativas positivas – es la declaración de Jesús: “Cualquier cosa que pidáis en vuestra oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis” (Marcos 11,24). La oración se describe aquí como la activación del principio universal del bien infinito, que depende, para manifestarse, de la integridad de nuestros motivos y de una comprensión inteligente de la misma ley.

"BENDITOS LOS QUE BENDICEN"

En otros términos, y a pesar de todas las apariencias materiales que gritan lo contrario, el bien es siempre omnipresente. A medida que aprendemos a abrir nuestra conciencia, el bien se manifiesta en nuestra vida cada vez más. El universo es un lugar donde existe un abundancia infinita para todos y en todo momento – aunque esa abundancia sea muchas veces de naturaleza no material -, con tal de que sigamos las leyes que nos permiten tener acceso a ella. De este modo, la ley representa, paradójicamente, la cima de la libertad, ya que su significado es enseñarnos a vivir según las reglas fundamentales que gobiernan el universo; y la más importante de ellas, en la perspectiva de este libro, es la ley del amor incondicional.

Al cruzar con la gente por la calle, en el autobús, en tu lugar de trabajo, bendice a todos. La paz de tu bendición será la compañera de su camino, y el aura de su discreto perfume será una luz en su itinerario. Bendice a los que encuentres, derrama la bendición sobre su salud, su trabajo, su alegría, su relación con Dios, con ellos mismos y con los demás. Bendícelos en sus bienes y en sus recursos. Bendícelos de todas las formas imaginables, porque esas bendiciones no sólo esparcen las semillas de la curación, sino que algún día brotarán como otras tantas flores de gozo en los espacios áridos de tu propia vida.

 

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