En los años 50's, David Bohm lanzó una teoría totalmente determinista(1) basada en las variables ocultas en contraposición a la mecánica cuántica, pero por mantener la idea determinista, tuvo que aceptar que el mundo posee siempre una posición determinada: la no localidad. Es decir, lo que ocurre en una determinada región del espacio, tiene su efecto instantáneo en otro lugar, sin importar la distancia que los separe. ¿Será que la Teoría de las Variables Ocultas constituye el marco conceptual para el diseño de modelos matemáticos y físicos de la teletransportación, más conocida como Telepatía? ¡Buena pregunta!
Ahora bien, la aparición de un nuevo cosmos a nivel subatómico –el nanocosmos- no quita credibilidad a la Ley Hermética Dual de “Cómo es arriba es abajo y como es abajo es arriba”. Al contrario, la complementa y la expande hacia una tercera dimensión, pues ahora se puede aplicar otro axioma matemático similar al de simetría; este axioma es conocido con el nombre de “Axioma de la Transitividad ” , que señala:
“Si A es igual a B y B es igual a C, entonces A es igual a C”
Aplicando dicho axioma al macrocosmos, microcosmos y nanocosmos, podemos decir que: “Conociendo algo del macrocosmos, podemos saber cómo es el microcosmos y conociendo algo del microcosmos, podemos saber cómo es el nanocosmos, entonces conociendo algo del macrocosmos, podemos saber cómo es el nanocosmos y, viceversa, por simple Ley de Transitividad”.
Pero, entre el mundo macro y el cuántico surge una paradoja relacionada con otra Ley Hermética, conocida como “Principio de Causa y Efecto” o “Karma”. Resulta que, el universo cuántico o nanocósmico no está regido por este principio al no ser un mundo determinista, sino probabilista; entonces -hipotéticamente- es un universo sin karma, un mundo puro donde quizás los locos no sean las partículas que lo conforman, sino nosotros que debemos nacer y renacer hasta agotar nuestro karma, como se dice vulgarmente. ¿Una paradoja? Parece que Einstein tenía razón cuando dijo: “El mundo está loco”. ¿Qué piensa usted?
Para dilucidar esta aparente controversia y quebrantamiento de la Ley Kármica , diremos que, al ser el nanocosmos una entidad probabilística, donde la realidad misma deja de existir, siendo una ilusión, entonces tampoco puede estar gobernada por el tiempo. En tal sentido, la acción y la reacción, la causa y el efecto se producirían al mismo tiempo. Pero aquí viene lo interesante, conforme vamos aumentando el tamaño del cosmos, es decir, cuando pasamos del nanocosmos, al microcosmos y de éste la macrocosmos, la variable tiempo empieza a actuar, estirándose como chicle o goma de mascar, hasta que el efecto se aleja tanto de la causa que muchas veces tienen que pasar varios ciclos de encarnaciones para compensar lo acaecido en cientos o miles de años atrás.
No estamos equivocados cuando decimos que lo infinitesimal está libre de toda culpa, no tiene karma cuando lo comparamos –por ejemplo- con el ciclo de vida de un individuo. Cuando éste es niño, ninguna acción genera karma, porque es pequeño e inocente. De ahí la aseveración del Maestro Jesús al decir que: “…para entrar el reino de los cielos, debemos actuar como niños”, que nuestras acciones no generen karma. Esta afirmación comprueba que, mientras se es pequeño, se vive en un mundo de probabilidades. Luego de unos años, en la etapa de la pubertad y la adolescencia el tiempo juega un papel fundamental, pues va alejando paulatinamente la acción de la reacción y, ni qué decir cuando uno es adulto, pues la Ley Kármica actúa sin barreras. Como conclusión podemos decir que, el karma acumulado y que pasa de una vida a otra es fruto de las acciones generadas mientras uno es adulto, cuando está actuando plenamente y a conciencia en el macrocosmos.
Después de todo lo señalado, creo que estamos en condiciones de dar respuesta a las preguntas sobre si el Sistema Solar aún se asemeja al Átomo y, viceversa. ¿La ubicación de los actuales planetas dentro del Sistema Solar, no será un simple estado probabilístico retardado por la acción del tiempo? Sabemos que la concepción actual del átomo es un núcleo rodeado de una nube electrónica y, en esta nube, nadie puede saber dónde se encuentran los electrones.
Por analogía, los electrones del Sistema Solar son los Planetas y el núcleo del mismo es el Sol. Entonces, si no se sabe con certeza dónde se encuentran los electrones, tampoco deberíamos saber dónde se encuentran los planetas. Aparentemente esto genera un antagonismo, que se resuelve, por lo menos a un nivel hipotético, por la acción retardada de la Ley de Causa y Efecto como ya explicamos anteriormente. Por lo demás, el nuevo modelo del Átomo también se asemeja a nuestro Sistema Solar, donde la nube electrónica es similar a la Nube de Oort que rodea al Sol y sus planetas, actuando como el “anillo no se pasa”. También se habla del cinturón de Kuiper, de donde proceden los cometas irrumpiendo el espacio de manera aleatoria, salvo aquellos que ya adquirieron una condición kármica que nos facilita pronosticar su aparición, como el cometa Halley, por ejemplo.
El avance de la ciencia, el desarrollo tecnológico y el despertar de la humanidad hacia una nueva vida espiritual en la Era de Acuario están conduciendo, sin lugar a dudas, a nuevas formas de conocimiento y de acción. Muchas cosas se tendrán que reformular o profundizar su estudio. Uno de ellos es el concepto del “Átomo Permanente” destinado a conservar las facultades, asimilar la experiencia y conservar la memoria de una o varias vidas. ¿No sería mejor hablar de las Supercuerdas Permanentes en vez de los Átomos Permanentes? Una cuerda vibra, la misma puede mantenerse en permanente oscilación, suponiendo que no existe fricción o amortiguamiento por causas foráneas; no necesita de energía externa para vibrar infinitamente. Comparemos con un oscilador electrónico básico formado por un capacitor puro (almacenador de energía eléctrica) y una bobina pura (almacenador de energía magnética). Ambas fuentes intercambian energía en determinados periodos de tiempo, produciendo una oscilación electromagnética permanente y que puede irradiarse si se conecta el circuito a una antena. Si las supercuerdas actúan como osciladores puros, entonces conservarán las facultades, asimilarán la experiencia y conservarán la memoria de una o más vidas por una eternidad y, cuando el Alma involucione al tomar forma o penetrar en un cuerpo físico, desde ese momento comenzará a descargarse dicha energía, llamémosle kármica, irradiado por el cuerpo físico que actuará a modo de antena. Con este concepto de las Supercuerdas Permanentes es más fácil comprender el Principio de Reencarnación. ¿Lo cree usted?
Para terminar este artículo, veamos si la posición del ser humano como eje de simetría del Principio de Correspondencia se alteró. Ahora tenemos tres universos claramente identificados; la relación de los mismos ya no es lineal, es decir, uno encima del otro. Ahora podemos hablar de un triángulo equilátero, en cuyos vértices se encuentran los tres mundos: el macrocosmos, el microcosmos y el nanocosmos. Dentro de este triángulo equilátero, exactamente en el Baricentro que es la intersección de las medianas (mediana: segmento comprendido entre un vértice y el punto medio del lado opuesto) se encuentra el YO, el súmum de unificación de los tres universos actuando como un centro de gravedad, punto de aplicación de la resultante de todas las acciones kármicas. Ese cuarto reino conocido como el humano que acopla los tres reinos subhumanos (mineral, vegetal y animal) con los tres suprahumanos (de las almas, planetario y solar), así como el Alma en el Plano Búdico actúa como puente entre los tres planos inferiores de la personalidad (físico, emocional y mental) y los tres planos superiores (espiritual, monádico y divino). He ahí el enorme valor del hombre para el cosmos –creado a imagen y semejanza del Gran Arquitecto del Universo-, cuyas acciones transcienden más allá de las fronteras de lo infinito.
Si creen que este artículo es tema de locos, pues les digo que estoy en el lugar correcto.
(1)Determinismo: sistema filosófico que subordina las determinaciones de la voluntad humana a la voluntad divina.