ÉSTA, NUESTRA ÚNICA TIERRA
La Concepción Ecológica Judeo-Cristiana, Larousse, 1994

Por Antonio Brailovsky


Las referencias bíblicas al lugar que ocupa el hombre en la naturaleza han sido a menudo manejadas en forma inadecuada. Expresiones tales como “Rey de la Creación ”, referidas a nuestra especie, parecen dar a entender una absoluta impunidad para cualquier conducta depredatoria. Esto es, como veremos, contradictorio con la letra y el espíritu del texto bíblico.

No hay referencias en la Biblia a un uso caprichoso o depredador de los recursos naturales.

Comencemos por el Génesis.“Y dijo Dios: Hagamos el hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que ande arrastrando sobre la tierra” (…) “Y díjoles Dios: fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Inmediatamente agrega que toda hierba y todo árbol, todas las aves y todo lo que se mueve sobre la tierra, “les será para comer”. Esta expresión, formulada dos veces, es una indicación, pero también marca los límites de los que los hombres pueden hacer con la naturaleza, La naturaleza les será para comer, y con ese fin podrán disponer de los demás seres vivientes. Pero, no hay referencias a un uso caprichoso o depredador de los recursos naturales.

  Las indicaciones de “señorear la tierra” y “sojuzgarla” no pueden ser interpretadas fuera de contexto. Esta dominación apunta a una antropización de la naturaleza, no a su destrucción. El dominio a que se alude en el Génesis es, nuevamente, el del reinado de la creación. Pero, para la legislación bíblica, hay una nítida diferencia entre un rey y un tirano. Los reyes de la Biblia están sujetos al estricto cumplimiento de las normas de Dios. El mandato es ser como Salomón, no como Herodes.

  Esto tiene que ver con la orden dada a Noé, de preservar la vida en medio de la destrucción. Dios encarga a Noé, pastor de ovejas, que salve también los lobos. Y podemos imaginarnos la enorme angustia de este pastor que, por única vez tiene la oportunidad de eliminar para siempre los lobos, pero recibe la orden de salvarlos.

  Por eso, la misión de Noé no fue establecer un inmenso jardín o un campo de pastoreo, sino reconstruir la naturaleza en toda su diversidad.

  Dios ha visto el Diluvio y se arrepiente: “No volveré a destruir todo lo viviente, como lo he hecho”, dice. Es una afirmación definitiva. NO está condicionada a que los hombres cumplan o no Sus mandatos, ni a ninguna otra conducta humana. Pero, si Dios se prohíbe a sí mismo la destrucción de la naturaleza, ¿qué otra cosa puede ordenarle al hombre, sino una administración cuidadosa de la Creación ?

  Hay en la Biblia una reiterada alabanza a Dios, como creador de este tablado de maravillas que es el Planeta Tierra. Se ensalza a Dios a partir de la minuciosa descripción de Sus obras:” Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos. Llénense de jugo los árboles de Jehová, los cedros del Líbano que él plantó. Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña. Los montes altos para las cabras monteses; las peñas, madrigueras para los conejos”

  En le Génesis hay un detalle que nos permite destacar  la importancia de la naturaleza en la concepción bíblica. A lo largo de los seis días de la Creación , Dios ordena la creación de la luz, la aparición de la tierra seca, el sol, la luna, los vegetales y los animales. En los primeros días, que son los de la creación de la naturaleza, Dios observa su obra y en cada caso la Biblia comenta: “Y vio Dios que era bueno”. Al llegar al hombre, Dios no está tan seguro, y calla. Esto significa que la naturaleza es buena en sí misma y que el hombre puede serlo o no serlo, según sus obras. El Nuevo Testamento insiste en la misma concepción: “Porque todo lo que Dios creó es bueno y nada hay que desechar”.

  Esta certeza es la de los cánticos de alabanza. No es una situación obvia y lineal. Se puede alabar a Dios por la Creación , o se le puede pedir protección ante una naturaleza percibida como hostil. Aquí la naturaleza sólo merece elogios y es el hombre el que puede merecer elogios o condenas.

  Del mismo modo, cuando Job cuestiona a Dios por haberle enviado muchas calamidades en forma injusta, Dios le responde mostrándole Su obra, es decir, la Naturaleza. El texto elogia la Creación , describe luces y sombras, las cualidades del agua y las costumbres de  los animales. El texto tiene una percepción de la Naturaleza fuertemente sensual, tan sensual como la del amor en el Cantar de los Cantares. Refleja la alegría del contacto con todo lo viviente. Veamos algunos fragmentos de este libro. Dios le pregunta a Job si conoce algunos de los misterios de la Naturaleza , o si es capaz de ordenar las fuerzas que rigen el funcionamiento del mundo:”¿Has tú mandado a la mañana en tus días… Has mostrado al alba su lugar?”, le pregunta Dios “¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas de rocío? ¿De qué vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, quién la engendró?”.

Jesús eligió espacios naturales para predicar su mensaje.

Y Dios continúa con este juego de preguntas y respuestas, refiriéndose a las costumbres de los animales:”¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo? ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿Vestiste tú su cerviz de relincho?

  Esta misma expresión de amor por la naturaleza se encuentra en toda la trayectoria de Jesús, quien eligió los espacios naturales para predicar su mensaje. Pero, hablar en la montaña, a orillas del mar o en el desierto, ¿no es una forma de expresar el amor por esos espacios naturales?

  En la mayor parte de sus parábolas, Jesús usa imágenes y metáforas tomadas del medio natural. Hay en su voz una continua referencia a los árboles y los pájaros, las semillas. A pesar de haber comenzado su vida como carpintero, Jesús muestra una marcada preferencia por los oficios rurales. NO hay ningún oficio urbano que tenga en el cristianismo las connotaciones que tiene el del pastor.

  “Mirad los lirios del campo –decía-, no trabajan ni hilan, mas os digo que ni aún Salomón en toda su gloria se vistió como ellos”. Dios continúa preocupándose por la Creación , tanto por el hombre como por el conjunto de seres vivientes: “El que da simiente al que siembre, también dará pan para comer”. Pero además: “Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta”. Porque ni un solo gorrión “está olvidado delante de Dios”.

  Como en el caso de Noé, si Dios está ocupándose del último gorrión ¿acaso no espera que el hombre haga lo mismo? 

  (Ricardo Barbetti, director del Centro de Información Ambiental CeInAm, Argentina)