El invierno pasado, cuidé
la casa de un hombre que tenía un sobrepeso de más
de 50 kilos. Fue gordo desde la niñez, pero realmente comenzó
a aumentar peso mientras perdía a los miembros de su familia:
primero a su madre, hace 21 años atrás; luego su
hermano menor en 1993, finalmente su padre en el ‘97. A
los 52 años, ya no tiene familiares, excepto unos cuantos
primos.
En Junio me
pidió que cuidara su propiedad nuevamente para poder viajar
al este y darle un vistazo a la casa que había pertenecido
a su familia por casi un siglo, y que acumulaba las pertenencias
de tres generaciones. El viaje parecía una oportunidad
única de crecimiento personal, y él comentó
sin dudar: “Creo que será iluminador”.
Cuando regresó,
le pregunté cómo le fue revisar y renunciar a casi
cien años de historia. Dijo, con un tono de alivio, “Hemos
llevado seis cargamentos al basurero. También tuvimos una
gran venta de cosas de segunda mano. Todavía hay muchas
cosas más que revisar, pero ya no va a ser tan grave”.
Luego agregó:
“Y Amara. . . ¡he bajado bastante de peso!”,
y explicó, “Yo siempre tuve un problema de
peso: una aversión a experimentar el dolor. El perder peso
significaba aceptar el dolor actual (de estar sólo) para
futuros logros”.
Limpiar las
posesiones de su familia resultó ser sanador, porque “estaba
reconociendo las pérdidas. Fue incómodo, pero a
la vez pude enfrentar al temor”.
Cristal Andrés,
especialista en salud y autora, vació el contenido de su
hogar para poder lograr una óptima salud, y habla sobre
la necesidad de desintoxicarse de “toda la basura
acumulada por años que han sido parte de tu cuerpo –
aquello que tú crees que importa, que te define”.
Una vez que Dave se liberó de generaciones de equipaje,
su cuerpo tampoco tenía la necesidad de cargarlo. Regresó
a su casa más liviano en todo sentido, más calmado,
feliz – “y ansioso por comer verduras”.
Energéticamente, se había liberado de una carga.
Estamos viviendo en un momento acelerado dentro de la evolución
personal y planetaria, cuando mucho de lo que antes nos parecía
esencial, ya no nos sirve más, y alegremente se lo debe
retirar para nuestro propio bien. En conclusión, podríamos
marcharnos un día de estos, lejos de las cosas que nos
pertenecen, con sólo aquello que podemos llevar en nuestras
manos. Al liberarnos de la necesidad de llevar con nosotros formas
obsoletas de comportamiento, memorias, sentimientos y creencias,
el peso se derrite mágicamente, y nos brinda la libertad
de poder enfocarnos en aquello que nos alimenta nuestro crecimiento
actual.
Esta es la
dieta alquímica: alimento para el pensamiento que sustrae
aquello que te ha pasado a través de los años. El
peso también significa influencia, poder, sustancia.
Que tus palabras lleven peso, y tu cuerpo sea un recipiente de
celebración.
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SIGUE
BRILLANDO
Estamos en plena época de otra retrogradación de
Mercurio, momento auspicioso para revisar y renovar, reclamar
y enmarcar, liberar y re-imaginar. Si quieres iluminarte en cualquier
sentido, prueba esto: Haz una lista de aquello que te está
pesando. No te aferres a nada. Si es un rencor de hace tiempo,
escríbelo. Incluye las cajas de viejos libros envejeciendo
en el garaje, o la deuda a un amigo, o ese insignificante pero
persistente problema de salud que tienes.
Para comenzar, escoge cualquier objeto, y descubre
que puedes quemarlo creativamente a través de todas las
capas de grasa que lo cubren. Has una sencilla ceremonia o un
ritual de despedida, y agradece aquello de lo cual te estás
liberando por haberte servido bien. Luego escribe brevemente algún
plan que tengas o que necesites que suceda ahora, como por ejemplo
“una cita al dentista esta misma semana”. Esta es
una acción práctica alquímica.
Reconsidera
usar estas sabias palabras de las enseñanzas de Abraham
como una piedra angular: “La base de la vida es
la libertad, y el resultado de la vida es la expansión
– pero el propósito de tu vida es la dicha”.