SIRVIENDO A LA HUMANIDAD

“Conozco, oh señor de Vida y Amor, la necesidad. Conmueve nuevamente con amor mi corazón, para que también yo pueda amar y dar”.


La primera tentativa del hombre para expresar el amor a Dios es la buena voluntad porque constituye la expresión inferior del verdadero amor y la más fácil de comprender. Para las personas ha llegado el momento, aunque sea momentáneamente, de no hablar ya de amor, de amar a sus semejantes y de utilizar el amor para resolver los problemas, sino de hablar desde un nivel más bajo y práctico, el de la buena voluntad. Para muchos, el empleo de la palabra amor en las cuestiones grupales y en las relaciones nacionales, no tiene sentido. La buena voluntad no ha perdido su significado y puede ser comprendido por todos. Buena voluntad es amor en acción.

La existencia del espíritu de buena voluntad es un requisito esencial para la solución creadora de los numerosos problemas de la humanidad. La buena voluntad es la base común en el cual pueden encontrarse todas las razas y todos los credos.

La esperanza reside en que la buena voluntad está mucho más difundida que reconocida en el mundo. El espíritu de buena voluntad está presente en millones de personas y evoca un sentido de responsabilidad. Los hombres de buena voluntad sienten esta nueva responsabilidad mundial y tratan de desempeñar su parte. Piensan cada vez más en términos del todo, y su influencia se acrecienta como fuerza positiva para el bien. La esperanza del mundo reside en esta creciente y constante buena voluntad que poseen los miembros de todos los grupos que trabajan para el mejoramiento mundial. Este constituye un poder no utilizado ni organizado aún como una fuerza mundial.

La buena voluntad no tiene dirección si no está controlada por el pensamiento. La mente proporciona esta dirección y ayuda al individuo a discernir entre lo correcto y lo erróneo, a elegir entre lo bueno y lo malo y a dirigir la energía hacia los canales deseados.

Efectivamente, la energía sigue al pensamiento y esto atañe a la energía de la buena voluntad. Si la buena voluntad constituye la expresión del verdadero amor que la humanidad puede expresar en su actual etapa de evolución, su aplicación mediante la inteligente dirección mental puede ser de enorme potencia en todos los planos de la experiencia y actividad humanas.

“Como un hombre piensa en su corazón, así es él”, es otra expresión de la verdad de que “la energía sigue al pensamiento”. En efecto, la potencia del pensamiento es el mayor poder que poseemos hoy en el mundo para transformar a los individuos y a la humanidad, para la creación y el desarrollo de la buena voluntad y, eventualmente, la capacidad para expresar verdadero amor. No es por accidente que el amor ha sido definido como “razón pura”.

Todo trabajo se convierte en espiritual cuando está correctamente motivado, se emplea una sabia discriminación y se agrega el poder espiritual al conocimiento obtenido en el mundo físico, donde la emoción y el pensamiento desempeñan también su parte.

Una de las principales cualidades de los hombres de buena voluntad de todas partes es su actitud hacia los problemas fundamentales que enfrenta la humanidad actualmente – un fuerte sentido de responsabilidad para ayudar a resolver esos problemas.

Los hombres de buena voluntad residen en todos los países del mundo y en todos los grupos raciales. Son miembros de todas las religiones e iglesias; trabajan en todas las agrupaciones políticas y económicas, sin excepción. En efecto, ninguna zona de vida o de pensamiento humano, carece de la presencia armonizadora de los hombres de buena voluntad.

La tarea principal de los hombres y mujeres de buena voluntad es por lo tanto educativa. No mantienen ni abogan por ninguna solución milagrosa de los problemas mundiales, pero saben que un espíritu de buena voluntad está particularmente entrenado y desarrollado por el conocimiento, pudiendo producir una atmósfera y una actitud que posibilitarán la solución de los problemas. Cuando los hombres de buena voluntad se reúnen, cualquiera sea su partido político, nación o religión, no hay problema que oportunamente quede sin solucionarse ni resolverse a satisfacción de las distintas partes involucradas. El espíritu de la buena voluntad puede estar presente aunque haya un desacuerdo fundamental entre las partes.

Quienes reconocen la necesidad de trabajadores de buena voluntad, y se entrenan para el servicio, ven abrirse ante ellos grandes oportunidades. Lo que comienza como una actividad de los momentos disponibles, puede convertirse en una absorbente tarea de la vida si el individuo está capacitado y la necesidad es suficientemente grande.

No es difícil formular grandes e irrealistas planes para el progreso y el mejoramiento mundial y, como muchos lo hacen, tratar de imponer a otros su visión de lo que el mundo debería ser. Sin embargo, se necesitan actualmente servidores consagrados que quieran colaborar, impresionados por el alma, con el Plan divino que se está desarrollando.

 

 

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