Una de las cosas que más limitan al género humano es el TEMOR. Es necesario erradicar ese temor, porque es una cristalización y una enfermedad del ser inferior. Lo único que debemos temer es al temor mismo. Es el TEMOR que hace que una personalidad o un grupo se autodestruya. El temor nos paraliza.
El Maestro D.K. dice: “El temor es producto de la ignorancia. Es fundamentalmente instintivo y predomina en el reino animal, que no es mental, así como también en el reino humano. Pero en el reino humano, su poder es aumentado en forma intensa mediante los poderes de la mente, y por el recuerdo de dolores y rencores pasados y por el presentimiento de quienes podemos ver con anticipación; Así, el poder del temor se agrava enormemente debido a la forma mental construida con nuestros temores y fobias individuales. Esta forma mental acrecienta su poder, y llega a dominarnos, a medida que le prestamos atención, pues “ la energía sigue al pensamiento ”.
“Todo ser humano conoce el temor; el alcance de las vibraciones del temor abarca desde los temores instintivos del hombres salvaje, basados en su ignorancia de las leyes y fuerzas de la naturaleza, y en su terror a la oscuridad y a lo desconocido, hasta los temores, tan prevalecientes hoy, de perder a los seres queridos, los amigos, la salud, la riqueza, el dinero, la popularidad, y así sucesivamente hasta los últimos temores del aspirante – temor al fracaso, temor arraigado en la duda, o al último rechazo o aniquilamiento, temor a la muerte (que comparte igualmente con toda la humanidad), temor a la gran ilusión del plano astral, a la fantasmagoría de la vida misma y además temor a la soledad en el sendero, hasta temer al temor mismo. Dominan la mayoría de las situaciones y oscurecen muchos momentos felices. Reducen al hombre a un tímido y atemorizado átomo de vida sensoria, atemorizado ante los enormes problemas de la existencia, consciente de su insuficiencia como hombre para resolver todas las situaciones, e incapaz de abandonar sus temores y dudas y heredar la libertad y la vida. A menudo está tan embargado por el temor, que hasta teme perder la razón. Nunca podrá ser suficientemente descrito este panorama sombrío, porque el temor es la energía astral que predomina en la actualidad, y la sensible humanidad sucumbe fácilmente a él.” D.K. (Tratado Sobre Magia Blanca).
SERENIDAD ES HACERLE FRENTE AL MUNDO DESDE EL ENFOQUE DEL ALMA. |
Podríamos decirnos: ¡si tuviera paz, no sentiría temor! D.K. dice al respecto: “Serenidad y paz no tienen idéntico significado. La paz debe ser siempre temporaria…Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté seguido por perturbaciones, puntos de crisis y caos, los cuales serán posteriormente reemplazados (cuando sean manejados con éxito) por períodos de paz. Pero esta paz no es serenidad, pues al discípulo sólo se le permitirá morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad haya sustituido la paz.
Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbaciones emocionales, que caracteriza al discípulo que está enfocado en la “mente mantenida firme en la luz”. La superficie de su vida puede hallarse (desde el punto de vista mundano) en un estado de violenta ebullición. Todo lo que estima y aprecia puede derrumbarse a su alrededor, pero a pesar de ello se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, permaneciendo imperturbables las profundidades de su vida. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es la capacidad de exteriorizar la conciencia de modo que los acontecimientos individuales sean ignorados. Es la intensidad del sentimiento trasmutado en comprensión enfocada.
Deberá vivir la vida interna cada vez más en el plano mental. Firme y sin desviaciones deberá mantenerse una actitud meditativa, no durante unos minutos cada mañana o en específicos momentos durante el día, sino constantemente durante todo el día. Esto implica una continua orientación hacia la vida desde el ángulo del alma. No es como muchos dicen “dar la espalda al mundo”. El discípulo le hace frente al mundo, pero desde el nivel del alma, mirando con visión clara el mundo de los asuntos humanos. “En el mundo, pero no del mundo”, es la actitud correcta expresada por Cristo. D.K.