Cuando verdaderamente comenzamos a comprender que el mundo de afuera nuestro es un reflejo de nuestro mundo interno, podríamos sentirnos confundidos sobre quién tiene la culpa de los problemas en nuestras vidas. Si tuvimos una niñez difícil, podríamos preguntarnos por qué asumiríamos esa responsabilidad, y surge la misma pregunta en nuestras actuales relaciones. Todos sabemos que culpar a los demás es lo opuesto que asumir nuestra propia responsabilidad, pero podríamos no responsabilizarnos por cosas de las que no nos sentimos responsables. Podemos culpar a nuestros padres por nuestra baja autoestima, y podríamos culpar a nuestra pareja por exacerbarla con su conducta inconciente. Objetivamente, esto podría parecer tener sentido. Después de todo, no es culpa nuestra que nuestros padres hayan sido irresponsables o crueles, y no tenemos la culpa del mal comportamiento de nuestra pareja.
El mundo externo es un reflejo de nuestro mundo interno. |
Quizás el problema yace en el hecho de culpar a otro. Aunque culpemos a los demás o nos culpemos de algo, el resultado de ello es agresivo y cruel. Constituye una situación mediante la cual es difícil seguir hacia delante bajo el peso de sentimientos molestos que surgen de la vergüenza y de la culpabilidad. También pone en las manos de otros, y no en las nuestras, la solución de nuestro dolor. Finalmente, no podemos insistir en que otro se responsabilice de sus acciones; sólo pueden ellos elegir hacerlo cuando estén listos. Mientras tanto, si nosotros queremos seguir adelante con nuestras vidas, sin esperar en que algo pueda o no suceder, comenzamos a ver la sabiduría que puede significar el tomar la situación en nuestras propias manos.
Lo hacemos si perdonamos a nuestros padres, para que seamos libres, aún si no nos han pedido perdón. Terminamos esa relación abusiva con nuestra pareja, quién quizás nunca admita haber estado errado o errada, porque estamos dispuestos en asumir la responsabilidad de cómo hemos permitido que nos traten. En breve, nos amamos como quisiéramos ser amados y nos creamos la vida que sabemos que merecemos. Dejemos que se resuelva el daño que se ha cometido con nosotros en manos del universo, liberándonos para vivir una vida libre de culpas.
(Dorita Alvarez, Nueva York)