Lo que llamamos "Navidad" es el resultado de una mezcla
de tradiciones paganas muy coloridas e interesantes. Para empezar,
no fue Jesús El Cristo el único que nació
del seno de una virgen, pues nacer de virgen era, en muchos pueblos,
uno de los signos a través de los cuales se manifestaban
los "elegidos".
También Krishna nació de una virgen llamada Devaki,
en un establo de Nanden; y en igual forma Horus, que nació
de la virgen Isis; Osiris, que nació de la virgen Neith;
y según las tradiciones de muchos pueblos, lo mismo sucedió
con otros personajes como Quetzalcoatl, Zoroastro, Buda, Apolonio,
Huitzilopochtli, Pitágoras, Escipión El Viejo, Platón,
Karna, Alejandro El Grande.
En algunos casos, la fecundación era un hecho digno de
la mejor poesía. Para poner unos cuantos ejemplos: Buda,
convertido en un elefante blanco, se engendró a sí
mismo en el sueño de su madre; Coatlicue, la madre de Huitzilopochtli,
el "Guerrero del Sur" de los aztecas, fue embarazada
por la pluma de un pájaro sagrado que cayó sobre
su regazo; Shotoko Taishi, príncipe que dio al budismo
un lugar destacado en Japón, fue concebido cuando Boddisattva,
"Salvador del Mundo", entró de un salto por la
boca de quien más tarde sería su madre, mientras
esta bebía de un pozo; el héroe mítico Maleiwa,
del pueblo Wayuú, fue concebido luego de que a su madre
la embarazara un trueno; el héroe irlandés Cucchulain
fue engendrado tres veces y las tres veces su madre volvió
a ser virgen tan pronto este salió al mundo.
Pero sigamos: en los albores de la era cristiana nadie estaba
seguro de la fecha en que había nacido Jesús. Era
evidente que en diciembre y enero se daban -y se dan- las temperaturas
más bajas (hasta 0,1 bajo cero, en grados Celsius) y las
precipitaciones más altas (hasta 187 milímetros)
en Tierra Santa, de tal manera que resultaba imposible que los
pastores durmieran a cielo descubierto mientras cuidaban el ganado,
según escribió san Lucas -médico sirio convertido
al cristianismo muchos años después de la desaparición
de Jesús- pues durante esta época, incluido febrero,
hombres y ganado pernotaban bajo techo.
Era entonces
absurdo que el censo de población decretado por Quirino,
gobernador de Siria (todo parece indicar que Jesús nació
6 años antes de su nacimiento oficial, pues los censos
se llevaban a cabo cada 14 años y el último había
sido en el 20 AC), se llevara a cabo durante estas fechas, en
medio del frío y la lluvia, pues los caminos anegados y
resbaladizos habrían hecho imposible el desplazamiento
de los miles de peregrinos que se dirigían a sus lugares
de origen, como era el caso de José y María.
Así pues, se comenzó a especular con las fechas:
16 o 20 de mayo, 9, 19 o 20 de abril, 29 de marzo o 29 de septiembre
hasta que en el año 334, el Papa Julio I dictaminó
que Jesús había nacido el 25 de diciembre, y punto.
No era por supuesto una fecha escogida al azar pues coincidía
con las festividades que se realizaban en muchos pueblos durante
el solsticio de invierno, esto es durante el retorno del sol en
el hemisferio norte.
En esta misma época, los antiguos egipcios celebraban el
nacimiento del dios solar Horus, los celtas encendían fogatas
en las colinas para honrar al dios-sol Baal, y con igual propósito
se llevaban a cabo las ceremonias vikingas en honor de Odín,
las Saturnalias romanas, y el nacimiento del dios Indo-iraní
Mithra.
Fue de esta forma que el nacimiento del Jesús El Cristo
fue fácilmente asimilado al retorno del sol, al regreso
de la LUZ (El Cristo dice (Juan 8,12; 9,5): "Yo soy la luz
del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino
que tendrá la luz de la vida"; y más adelante:
"Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo".
Es sabido además que durante la Edad Media fue llamado
"Sol Justitiae" y "Sol Invictus").
Puestos a desentrañar "coincidencias", cabe decir
que a ésta se sumó otra pues -según antiguas
tradiciones esotéricas- la fecha de la muerte de El Cristo
se calculó de acuerdo con las posiciones del sol y la luna
durante el equinoccio de primavera, que es cuando muchas religiones
de la antigüedad celebraban la muerte y resurrección
de sus dioses: entre los más conocidos la del dios egipcio
Osiris, que solía representarse con los brazos extendidos,
como si estuviera crucificado.
Pero sigamos nuestro viaje: otro elemento pagano de la Navidad
es el árbol. Muchos pueblos les han rendido culto a un
puñado de árboles considerados sagrados por distintos
motivos. El más común, desde Grecia hasta Noruega,
era el roble, los antiguos griegos solían celebrar sus
compromisos más importantes bajo la sombra de un roble,
árbol sagrado que era considerado representante del dios
Zeus: de ahí proviene la costumbre de "tocar madera"
para protegerse de algún "mal", pero con el devenir
del cristianismo se cambió al macizo roble por el abeto
pues, según los misioneros, la forma triangular de la enramada
correspondía al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
(los hindúes ya hablan mucho antes de Brahma, Shiva y Vishnú
como de la trinidad celestial).
Este "tres"
mágico caló muy bien en todas partes ya que era
un número venerado por muchos pueblos, miles de años
antes de la venida de Jesús. De esta manera bastante singular,
se impuso el abeto y con el correr de los siglos el pino de plástico.
Durante esta época se había convertido en una costumbre
milenaria adornarlos con piedras pintadas y telas de colores,
con el doble propósito de "vestir" a los árboles
que se habían quedado "desnudos" tras el otoño,
esto es sin su respectivo "espíritu", y por otro
lado lograr que el "espíritu" que había
escapado de los árboles regresara a dar sus frutos en primavera,
como efectivamente sucedía para regocijo de todos. De ahí
surge toda esa parafernalia alrededor del arbolito de navidad
que parpadea hipnóticamente durante las fechas navideñas
y guarda bajo su "sombra" los famosos regalos.
Y ya que entramos al tema de los regalos, otro elemento pagano
es, por supuesto, Papá Noel, que en un principio se trataba
del Abuelo Invierno al que los vikingos agasajaban para que fuera
benévolo, y llegado el momento, partiera sin resentimiento
con el fin de dar paso a la nueva vida.
CALCULANDO
EL NACIMIENTO DE JESUS Y EL POR QUÉ DEL ÁRBOL
DE NAVIDAD. . . |
Una vez cristianizados
-pero siguiendo la costumbre vikinga- los bretones lo denominaron
Viejo Padre Navidad: uno de ellos se disfrazaba del personaje
y con gran alegría el pueblo entero le ofrecía de
comer y de beber en abundancia hasta su partida (algo muy parecido
sucede con el Taita Carnaval entre las poblaciones indígenas
de los Andes ecuatorianos.
Este Taita -agente de abundancia y fertilidad- está asociado
con la llegada de las lluvias y, aunque de origen ancestral, su
presencia mítica se "mezcló" con la celebración
del carnaval que trajeron los españoles a estas tierras).
Con el tiempo, el mítico Padre Invierno o Papá Noel,
se confundió con la imagen de Nicolás, un hombre
sumamente rico nacido en lo que hoy es Turquía y famoso
por su generosidad con los más pobres, en especial con
los niños.
Pues bien, este Nicolás que más tarde se transformó
en obispo, y luego en santo, no solo ha sido durante siglos el
santo más querido de los originarios del pueblo de Bari,
Italia (¿se acuerdan de Nicola di Bari?) sino también
-nadie sabe por qué- de los holandeses, quienes lo llamaron
en su lengua Sinter Klaas (San Nicolás), y con este nombre
pasó a América, más específicamente
a Nueva Amsterdam, que luego los ingleses bautizaron como Nueva
York.
Con el tiempo y las aguas navideñas, Sinter Klaas se transformó
en el famoso Santa Claus (jo jo jo), es decir en Papá Noel,
esto es, en el Padre Invierno...
A propósito
de lo anterior, los lapones solían constatar cómo
cada vez que estaba por llegar el invierno, los renos empezaban
a bajar en manadas desde las montañas hasta los valles
menos azotados por los vientos gélidos: puesto en metáfora,
los renos precedían al (Padre) invierno.
Sabedor de esta creencia -o al menos así lo supone Desmond
Morris-, el poeta norteamericano Clement Moore incorporó
renos a su famoso poema "Una visita de San Nicolás",
allá por 1824.
Desde entonces los renos han precedido el carruaje de Papá
Noel, y se teme que Rodolfo el reno, que tenía la nariz
roja como un tomate, se sumó al séquito inspirado
por el poema de Moore.
Los habitantes de este lado de América, a duras penas si
hemos contribuimos a la Navidad con el pavo -del que los aztecas
tenían grandes criaderos-. Una vez introducido en Inglaterra
por David Strickland, éste obtuvo el derecho a poner como
centro de su escudo familiar un pavo macho. Pese este pasaje kitch
de la historia inglesa, durante años - confundiendo el
pavo de América con la gallina de Guinea- se creyó
que habían sido los turcos quienes habían introducido
el pavo en Inglaterra, de ahí su nombre en inglés:
turckey (turco).
CADA
FIN DE AÑO ES UNA OPORTUNIDAD DE RE-COMENZAR. |
Al parecer,
lo único cristiano de la Navidad es Jesús "El
Cristo", y de alguna manera el pesebre, que en el año
1224 fue incorporado por Francisco de Asís, con animales
vivos y personajes disfrazados, para imitar la forma en que se
celebraba la Navidad en Tierra Santa. Desde esa fecha, muchas
casas nobles de Europa empezaron a competir entre ellas para diseñar
el mejor pesebre cada año, hasta llegar a excesos
verdaderamente surrealistas.
Luego esta costumbre se trasladó a América en donde
se incorporaron figurillas de alpacas, cóndores, tapires
y caimanes, amén de indios pastores, ángeles negros,
ídolos precolombinos, así como chamanes amazónicos
o emperadores incas en sustitución de algún Rey
Mago, por lo general Gaspar.
Y ya que entramos en el tema de los Reyes Magos, precisemos que
Melchor (soberano persa), Gaspar (rey de la India) y Baltazar
(jeque de Arabia), fueron "interpretados" por el ecumenismo
de la Edad Media, como Melchor (europeo: a caballo), Gaspar (asiático:
sobre un camello) y Baltazar (africano: a lomo de elefante) con
el propósito de que "cada rey representara a una parte
de la Tierra hasta entonces conocida", según señala
el antropólogo Segundo Moreno.
De esta manera, señoras y señores, queda demostrado
cómo la Navidad, fiesta especialmente diseñada para
ser disfrutada por los niños, es una verdadero popurrí
de tradiciones, mitos y ceremonias paganas. No olvidemos, sin
embargo su sentido profundo, esto es el retorno arquetípico
de la LUZ ESENCIAL: expresión de las fuerzas uránicas
fecundantes, símbolo de la llegada cíclica del orden
en medio del caos, pero sobre todo de la oportunidad que todos
tenemos de una vida plena a todo nivel- tras el reinado de las
sombras.
Edgar Allan García
"Amen
Mucho el Misterio".
Nuestra tradición
cristiana iberoamericana es muy rica en simbolismos navideños.
Entre estos, la tradición de los Tres Reyes Magos es una
auténticamente iberoamericana.
¿Qué simbolizan los Reyes Magos ante el recién
nacido Jesús?
¿Qué es ser "mago" y por qué se
postran ante El?
¿Qué simbolizan el oro, el incienso y la mirra que
ofrecen como dones?
¿Son
elementos de alquimia espiritual?
En síntesis, ¿existe una dimensión esotérica
oculta tras estos símbolos cristianos?
Afirmamos que sí, y existe testimonio fidedigno de que
es así. El Sr. Vicente Beltrán Anglada (1915-1988)
fue un investigador incansable de la dimensión esotérica
de la vida. Su integridad como investigador ha quedado demostrada
por una vida altruista, al servicio de la Humanidad y de la Jerarquía,
en muy difíciles circunstancias que no redundaron en compensaciones
materiales. La validez de sus hallazgos ha sido confirmada independientemente
por otros investigadores esotéricos, pero ninguno con su
trasfondo autóctonamente iberoamericano. ¿Qué
nos ha revelado VBA sobre estos misterios?
http://www.invocacion.org/Navidad-VBA.htm
Respetuosamente le incluimos para su consideración, este
enlace donde exploramos tales conceptos, a la luz de la "experiencia
angélica" de este verdadero Iniciado iberoamericano.
Le rogamos que nos disculpe si de alguna forma herimos su sensibilidad
religiosa durante este periodo navideño al compartir este
material que tanto valoramos y esperamos que su buena voluntad
le permita, extendernos su tolerancia en espíritu de verdadera
confraternidad cristiana.
Por otra parte, si este mensaje le resulta útil, si valida
lo que su propia intuición le confirma, o si le abre nuevos
horizontes de exploración espiritual, le pedimos que lo
comparta con otras dos personas con las cuales sienta la misma
afinidad espiritual. No estamos pidiendo que se re-envíe
este mensaje masivamente, pues no nos interesa la cantidad sino
la calidad de la respuesta. Si usted cuenta con más de
dos personas a quienes se lo desea enviar como un saludo cristiano
de navidad, por favor le pedimos que lo haga de dos en dos, de
tal manera que se difunda como una Red de TRIANGULOS unida por
la recitación de la Gran Invocación.
La Navidad nos ofrece una espléndida oportunidad de profundizar
en el misterio de la vida, en la magia del amor y en la liberación
de la muerte.
Cada fin de
año es una oportunidad única de echar a la hoguera
algunos hábitos y costumbres que nos aprisionan y que nos
retrasan en nuestro sendero de retorno a la mansión espiritual
que nos tiene destinada
Nuestro Padre-Madre desde el principio de los tiempos. Cada comienzo
de año nos brinda también la oportunidad de practicar
el "arte de la magia blanca", esa que dota de vida,
alma y cuerpo a alguna resolución de buena voluntad que
se anide en nuestro corazón a la luz del fuego de nuestra
mente, y así tejer con nuestra propia sustancia algún
proyecto de servicio que enaltezca nuestro entorno individual,
familiar o comunitario.
Convocamos así a todos los hombres y mujeres de buena voluntad
en Ibero América durante este periodo navideño a
practicar la "Magia Organizada Planetaria" que nos permita
crear una Red de Luz y de Buena Voluntad como parte de los preparativos
relacionados a la exteriorización de la Jerarquía
Espiritual y a la reaparición del Cristo en la Tierra.
Que la Luz (relacionada con el oro y que simboliza la transformación
del Primer Reino, el mineral); el Amor (relacionado con el incienso
y que simboliza la transmutación del Segundo Reino, el
vegetal) y el Poder (relacionado con la mirra y que simboliza
la transfiguración del Tercer Reino, la naturaleza animal),
restablezcan el Plan en la tierra.
PD: Este es un mensaje orientado a un público versado en
la simbología cristiana y por eso se ha denominado a "Aquel
Que Viene" como el Cristo. Sin embargo, esa Misma Individualidad
es conocida como Bhodhishatva, Krishna, Imán Majdi, Mesías,
Muntazar y Maitreya en otras tradiciones religiosas.
Misterios
del Cristianismo:
Los Tres Reyes Magos. por
Vicente Beltrán Anglada