Esta mañana hubo una reunión con miles de personas en uno de los principales paseos de la linda ciudad-jardín de Cochabamba, en la Plaza de las Banderas. El Comité Cívico invitó a toda la población que quiera asistir. Cerraron colegios, la empresa privada, el auto-transporte, las escuelas fiscales, vinieron camiones cargados con campesinos de las provincias, había hombres, mujeres y niños, de todas clases y de todos colores, todos presentes. Esta vez quisimos demostrar al gobierno que la gran clase media y también campesinos e indígenas estamos presentes como hermanos, y que también somos muchos. Estábamos presentes para mostrar nuestra solidaridad y convicción que preferimos la concertación y no la confrontación.
Que no vamos a permitir que nos enfrenten entre hermanos, que queremos la unidad y hermandad, y que todos somos bolivianos, y no sólo un sector. Que la Constitución nueva que se está elaborando tiene que contar con la participación y consenso de todos, y no sólo con el pueblo indígena, y que no se puede someter a toda una nación de gran diversidad, sólo a las características de esta población originaria. Que el pueblo tiene derecho a la religión y al tipo de estudios que cada padre prefiera dar a sus hijos, tiene derecho a la propiedad privada. Hemos exigido justicia social y tranquilidad para trabajar y educar a nuestros niños, y para que no haya ese éxodo tan enorme de conciudadanos al extranjero.
Se oía el clamor del pueblo, esta mañana. No hubo ni un ¡Muera!, ni un ¡Abajo!, ni un insulto a nadie. La multitud coreaba la palabra - “¡Basta!”: del abuso, de la falta de justicia, de la inseguridad, del racismo, del que nos inciten a la lucha fraticida, del que caldeen los ánimos de los bolivianos con constantes amenazas, del que se vayan tantos y tantos al extranjero, del ataque a la prensa y a los medios de expresión, basta de separatividad y odio. . ¡Cuántos indígenas salvaron a sus patrones durante la Reforma Agraria de los años 50! Y ese BASTA!, se oía como un mántram, como un hasta aquí llegamos y no permitiremos que nos separen . Somos todos hermanos. Luego se oían “¡VIVAS!”, y se respiraba un aire de libertad y de solidaridad, mientras escuchábamos los bellos sones de nuestra música boliviana, y nos movíamos siguiendo su ritmo y ondeábamos las miles y miles de banderitas de Cochabamba y de Bolivia, que llevaban la siguiente inscripción: BOLIVIANOS SOMOS TODOS. Y lo que más me llenó de satisfacción fue hablar con uno de los organizadores del evento, para felicitarlo a él y a todo el Comité Cívico, por hacer lo mismo que Santa Cruz, otra valerosa ciudad hizo hace un tiempo atrás, y me dijo: “Esto es sólo el comienzo. ¡Cochabamba ha despertado!”.