PISCIS

Tom Carney

 
Queridos Amigos: 

Es Piscis, y la humanidad se está acercando a la puerta y hacia la Luz. Se nos ha dicho cientos y quizás millones de veces que esa entrada es estrecha, y que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja…y todo lo demás… El hecho de que tengamos que dejar un montón de cosas atrás para atravesar esa puerta es lo que yace en el meollo del concepto del sacrificio. Esta idea se ha formulado de tal modo, me imagino, por los Maestros de la Ofuscación , que para hacerlo, para sacrificarse, hay que hacer un viaje horripilante y doloroso, y eso es confuso y distorsionado, y desde siglos remotos la noción del sacrificio es realmente algo muy desagradable.

Tomemos conciencia de lo siguiente: el mayor benefactor del sacrificio es aquel que hace ese sacrificio. Debemos comprender esto: “Sacrificio es volver sagrado”. Un concepto profundo. 

Sin embargo, ¿qué es exactamente lo que se vuelve sagrado?

Al principio creemos que es aquel que debe renunciar a algún aspecto o forma de identificación para que él o ella pueda entrar más profundamente en la Luz – es decir, pasar por la puerta, o el ojo de la aguja. Sin embargo, creo que debemos corregir un poco esto. El que debe renunciar a algún aspecto o forma de identificación es el que se vuelve más sagrado; sin embargo, no quiere decir que él o ella deba moverse hacia dentro de la Luz , mas bien significa que la Luz puede penetrar más profundamente en él o ella, desde donde lo “sagrado” fluye. Funciona de ambos lados, por supuesto. Sin embargo, antes de que hayamos hecho el sacrificio, la Luz ya era brillante, o tan sagrada como podría ser. La Luz no se pone más brillante, o más sagrada al circular a través de nosotros una vez que hubo penetrado por esa pequeña ranura que nosotros hicimos al renunciar a algo. Somos nosotros los que nos volvemos más sagrados y más brillantes por la Luz que penetra. Nuestra “nueva” brillantez se hace evidente cuando la compartimos con la Vida Una encarnada. Por lo tanto, es la humanidad y son los 3 mundos que se vuelven sagrados mediante nuestro acto sagrado, mejor conocido como sacrificio.

Este compartir significa hermandad.

Más radiante que el Sol.
Más puro que la nieve, más sutil que el éter es el Ser.
El Espíritu dentro mi corazón.
Yo soy ese Ser, ese Ser soy yo.
Nosotros somos ese Ser, ese Ser somos nosotros.

 Amándonos,

Tom Carney