“Dios ha hecho una tierra donde no estamos sólos, donde aquello que hacemos afecta inevitablemente a un círculo siempre en aumento. Es la gloria y la tragedia de la tierra el hecho que todos estamos involucrados los unos con los otros. Ciertamente nos beneficiamos de esta interrelación de nuestros destinos . . . En este mundo mutuo, todos somos recipientes de las bendiciones que no hemos creado. Pero ¡qué precio debemos pagar por nuestra interdependencia social! El inocente sufre debido a la maldad que hacen los hombres, que se extiende como una oscura mancha en la tela de la vida. Esto es verdaderamente trágico. Pero la alternativa sería aún peor. Significaría que tendríamos pequeñas almas carentes de ventanas y selladas herméticamente, no solo apartándonos del mutuo mal, pero también del mutuo bien. La sociedad es el regalo de Dios a esta tierra, y al involucrarnos mutuamente podría ser Su suprema bendición”.