“EL GIGANTE ORIÓN VERSUS EL GIGANTE MURURATA, DOS HÉROES DE LAS MITOLOGÍAS GRIEGA Y AYMARA, RESPECTIVAMENTE”

Por Luis Cabezas Tito
Parte 2 de 2

A continuación, conozcamos el drama del Gigante Mururata, relatado por el investigador Manuel de La Torre.

El Gigante Mururata: Pachamama (La madre Tierra o Gea) tenía muchos hijos. El Willca –nombre dado al Sol- había requerido de amores a la Pachamama y todos los días, pareciendo por el uru inti (oriente), la galanteaba y se perdía después en su inmenso y hermoso palacio de cristal del lago Titikaka, cuya entrada nadie conocía, porque él cuidaba de hacer que todos apartaran la vista el momento de perderse.

La Pachamama , tenaz en no corresponder a los galanteos de su pretendiente, resolvió huir de él. Cuando lo hacía, fatigada por el cansancio del camino, encontró una fuente donde apagar su sed, y encontrándola seca, ella comprendió que Willca era el autor de ese hecho para vengar sus desaires.

Esta venganza de Willca incitó a la Pachamama a que convoque a todos sus hijos gigantes de las cordilleras, los nevados de más elevación, para que ellos ejecutaran su venganza, pero el que entonces no era Mururata se ofreció a ejecutar sin apoyo alguno de sus hermanos, alegando para hacerlo que él era el más gigante y de mayor fuerza. Pensó que sólo con su presencia haría que el atrevido enamorado abandonase su palacio para cedérselo a él y si fuese posible, lo obligaría a rendirle homenaje y servidumbre, quedando así como dueño y señor de las grandezas del universo.

Conocedor de los intentos de este gigante, Willca mandó al inka para que averiguara la verdad de estos intentos y le dio el poder suficiente para que en su nombre, castigara la insolencia, el orgullo, la soberbia y la ambición de aquel hijo predilecto de la Pachamama.

El enviado de Willca apareció en los espacios montado en una corpulenta llama y después de atravesar el Warawara Jawira (río de estrellas o Vía Láctea), se dirigió al Illimani y sin manifestarse como encargado de Willca, sino como un amigo de la Pachamama , entabló conversación con él. Le preguntó si hubiera deseado ser más gigante de lo que era, mucho más que su hermano. El Illimani dijo que no le interesaba, puesto que lo que él consideraba como un gran mérito no era de su altura, sino la preferencia que le había deparado Willca de presentarse todos los días por encima de su cabeza para alumbrar a sus demás hermanos, dar vida a todos los que pueblan la tierra y besar el campo de sus nieves con sus rayos de luz al ocultarse en la tarde entre los cristales de su hermoso palacio.

El inka se retiró y dirigiéndose al gran gigante, personaje central de esta mitología, le preguntó lo mismo que al Illimani: lleno de la más grande soberbia, él contestó: “muy pronto me veréis dueño y señor de todas las cosas, mi estatura será más de lo que ahora es y ocuparé ese palacio, porque mi poder, sin ayuda alguna es suficiente para aniquilar a Willca; he prometido a mi madre vengarla de su ofensa y lo haré”.

El inka quiso persuadirlo de lo contrario, pero convencido de la realidad de la venganza que preparaba el gigante, más lleno de envidia que de justicia, vio llegada la hora propicia de hacer uso de los poderes que le diera Willca. Cogiendo una de sus mejores hondas, colocó una piedra de oro y dando doce vueltas, que son el símbolo de las muchas veces que la luna está en jaire (novilunio), arrojó aquella piedra contra el gigante con tal furor que lo destrozó y lo dejó “recortado o muru”, en señal de lo cual quedó con aquel nombre con el que hasta hoy es conocido, o sea “Mururata”.

Por la fuerza de aquel hondazo, dice la mitología, la cabeza del gigante fue a dar al lugar del Sajama o más bien que este nevado es la cabeza del Mururata. Sus intestinos, extendiéndose como una blanca cinta fueron a formar la nevada cadena del Condoriri, detrás de Zongo (actualmente forma parte de una interesante ruta turística).

El inka dio cuenta de su misión a Willca, quien en memoria de este triunfo ordenó que la llama que sirviera de cabalgadura a su enviado quedara cerca de Warawara Jawira (Vía Láctea), allá en la mansión del cielo, donde se la puede encontrar por el deslumbrador brillo de sus ojos que son las estrellas alfa y beta de la constelación Centauro. Imponentes por su magnitud y su feliz disposición en regla son denominadas Karhua Naira (Ojos de Llama).

La fuente que secó Willca cuando la Pachamama huía de él también tuvo su lugar en el cielo al lado de la Llama y es la mancha de la Vía Láctea –nuestra galaxia- que en la cultura aymara se la denomina Chiar Kota (Lago Seco), conocida como Saco de Carbón, es decir, dos nebulosas oscuras de la astronomía moderna.

La honda que sirvió de instrumento para esta sin igual venganza fue convertida en estrellas. Incluso la famosa piedra de oro quedó en la esfera celeste en un lugar tal que al tiempo de aparecerse a los habitantes de la tierra lo hicieran siempre por encima del Illimani, así como Willca igualmente aparece al despuntar el alba. De esta forma, él quiso colocar en lo alto de los cielos el gran arma de los aymaras, la honda, que se llama Warawara Qorawa y la piedra de oro Kori Kala. Ellas están situadas en la constelación que los griegos llaman Escorpio, donde el corazón del Escorpio es la conocida estrella Antares de color oro, la Kori Kala de los aymaras. En esta parte del cielo se tiene también otras importantes constelaciones, como la de Sagitario, llamada por los aymaras Warawara Ttajha, es decir, un enmarañado de estrellas.

Aquí igualmente está la Laika Pillu (Corona Hechizada o de Brujas), que en la astronomía moderna también se la llama Corona. Pasando el hemisferio boreal o norte, se encuentra la constelación del Cisne, llamada Kapu Warawara (Rueca de estrellas); su estrella principal (Deneb) se la denomina en la astronomía aymara Caja Muita (Brillante dando vueltas).

Por otra parte, en la mitología griega Casiopea, Andrómeda, Perseo y la Medusa constituyen los personajes de una misma leyenda, pero en la mitología aymara se ha reunido en una sola constelación a Pegaso, Andrómeda y Perseo, formando la Wiphala Warawara (Bandera de Estrellas).

Finalmente, también las constelaciones de Piscis y Géminis tienen sus equivalentes en la astronomía aymara, conocida la primera como Uma Jalsu o riachuelo que sale de un pocito; mientras que, a la constelación de Géminis se la denomina Puma Yunta (Par de Pumas). Para ver las gráficas de estas principales constelaciones de la astronomía y astrología aymara, se sugiere visitar el sitio web:

http://es.geocities.com/cienciayesoterismo/constelaciones.htm

Actualmente, el Mururata, el Illimani y el Sajama son cerros nevados que se encuentran en los Departamentos de La Paz y Oruro, en Bolivia.

“El Tiempo lo resuelve todo”. D.K.