“EL GIGANTE ORIÓN Y EL GIGANTE MURURATA, DOS HÉROES DE LAS MITOLOGÍAS GRIEGA Y AYMARA, RESPECTIVAMENTE”
Parte 1 de 2

Por Luis Cabezas Tito
luisctito@yahoo.es

Si de mitologías se trata, pues entre la griega y la aymara no hay nada que envidiar. Por supuesto que la cultura griega es la más conocida a nivel mundial, no solo a través de la literatura, sino también mediante las distintas constelaciones del cielo que llevan nombres de aquellos grandes personajes griegos, tal como Hércules, Perseo, Orión, Casiopea y otros. La cultura griega, otrora poderosa, aportó en el nombre a la mayoría de las ochenta y ocho constelaciones celestes, doce de las cuales corresponden a los signos del zodiaco, también otras culturas ancestrales como la china, la de babilonia y la egipcia dividieron el cielo en constelaciones, es decir, en aparentes configuraciones de estrellas a las que dieron nombres de seres mitológicos, animales, cosas, etcétera, actualmente muy usadas por la astronomía posicional y la astrología tradicional con fines diferentes.

En nuestra región, las culturas Maya, Azteca, Tiwanakota, Incaica y otras no se quedaron atrás de las culturas del viejo continente y también plasmaron sus conocimientos en constelaciones con nombres propios de cada civilización.

En este artículo, analizaremos la similitud entre el drama del Gigante Orión de la cultura griega con la del Gigante Mururata de la cultura aymara, descubierta gracias a la Etnoastronomía y la Arqueoastronomía aymara. Los dos relatos dieron lugar a diferentes constelaciones celestes. Saque usted sus propias conclusiones.

El Gigante Orión: Orión era hijo de Poseidón , dios del Mar, y de Gea, la Madre Tierra. Tenía una belleza extraordinaria y creció tanto que llegó a convertirse en un auténtico gigante. Tan enorme era, que podía andar por el fondo de los mares profundos sin que jamás las aguas le cubrieran de hombros para arriba.

Después de muchas aventuras, Orión fue a la isla de Quíos, donde al poco tiempo se enamoró de Mérope , la hija del rey Enopión . Tal era su amor hacia ella que la pidió en matrimonio. Enopión consintió en ello, pero previamente exigió al gigante que demostrara su valor llevando a cabo una difícil misión. Orión tendría que exterminar un gran número de animales dañinos que estaban causando enormes pérdidas en las cosechas de la isla. Una vez que hubo exterminado todas las alimañas, el monarca se negó a cumplir lo prometido.   

Orión intentó vengarse de Enopión, pero no pudo encontrarlo ya que éste se refugió en una cámara subterránea tan enrevesada, que era prácticamente inescrutable. Entonces, Orión montó más aún en cólera y, enfurecido, le dio por matar con sus infalibles flechas y sin piedad alguna todos los animales que le iban saliendo al paso, ya fueran animales feroces o mansos e inocentes criaturas. Tal era el número de bajas que había causado ya, que su madre Gea tuvo que intervenir pidiéndole, sin ningún éxito, que fuera benévolo y reflexivo. Orión hizo caso omiso a las palabras de su madre y siguió en sus trece, a pesar de las repetidas advertencias de Gea .

Un día, cuando el soberbio gigante se encontraba reunido con sus amigos, envaneciéndose de que ni los tigres, ni las panteras, ni aún los leones o serpientes eran capaces de producirle espanto alguno, desbordó la paciencia de su madre, la cual le mandó un escorpión muy venenoso. Orión , al verlo, no pudo contener su irónica sonrisa ante la ridiculez de aquel insignificante adversario enviado por Gea .

El gigante se confió demasiado y el escorpión le picó en un pie con su potente aguijón venenoso. La terrible ponzoña se extendió por toda la sangre del cazador y éste cayó al suelo medio moribundo. Cuando vio que la muerte era ya inminente, pidió auxilio e imploró venganza al todopoderoso Zeus , ya que la muerte que le acechaba era poco gloriosa para un personaje de su talante. Le pidió al dios supremo que lo colocaran en los cielos con sus dos fieles perros de caza (Canis Mayor y Canis Menor: constelaciones) y una liebre (Lepus: constelación), para que los hombres, cuando miraran hacia arriba en las oscuras noches estrelladas, recordaran sus aventuras como cazador. También le pidió a Zeus el dominio de las tempestades, las tormentas, el hielo y los vientos, a fin de poderse vengar así de su madre la Tierra ( Gea ).

El dios fue condescendiente con Orión y atendió sus súplicas. La Tierra tembló, y desde entonces lo ha venido haciendo hasta nuestros días cada vez que ha visto aparecer a Orión sobre el firmamento, ya que éste siempre ha traído consigo el viento, el frío, las tempestades, los hielos, las nieves y las escarchas, que tan abundantes son en invierno sobre la Tierra , coincidiendo con la llegada de esta constelación.

También se encargó Zeus de situar el Escorpión ( Scorpius: constelación ) en el firmamento, pero tuvo cuidado de ponerlo lo más alejado posible del gigante para que nunca más volvieran a enfrentarse. Así pues, cuando Orión desaparece de la bóveda celeste es cuando hace su aparición Scorpius. Mientras que Orión aparece durante el invierno, Scorpius lo hace en el verano. Continuará…

 

 

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