En el trascurso del siglo 20, la física cuántica – la física del dominio ultra pequeño de la realidad física – se volvió tan extraña, más allá de la imaginación. Los descubrimientos demuestran que las unidades más pequeñas no identificables de materia, fuerza y luz están hechas de energía, pero no de un flujo continuo de energía: vienen siempre en distintos paquetes conocidos como unidades cuánticas. Estos paquetes de energía no son materiales, a pesar que pueden tener las propiedades de la materia tales como masa, gravedad e inercia. Parecen objetos, pero no son objetos comunes y corrientes; son a la vez corpúsculos y ondas. Cuando se mide una de sus propiedades, las otras desaparecen y no pueden ser ni medidas ni observadas. Además, quedan “enredadas” las unas a las otras instantánea y no energéticamente, no importa cuán distantes estén.
A nivel cuántico, la realidad es extraña y sin ubicación: todo el universo es una red de tiempo – y espacio – que trasciende la interconexión.
El Intrigante Mundo Cuántico – Su Principal Característica: La Intrincada Partícula.
- En su estado prístino, la unidad cuántica no está en un solo lugar en un momento dado: cada unidad cuántica que existe está tanto “aquí” como “allá” – y en cierto sentido está en todas partes en espacio y tiempo.
- Hasta que es observada o medida, la unidad cuántica no posee características definidas, pero más bien existe simultáneamente en varios estados al mismo tiempo. Estos estados no son “reales” pero “potenciales” – son los estados que la unidad cuántica puede asumir cuando es observada o medida. (Es como si el observador, o el instrumento de medición pescara a la unidad cuántica de un mar de posibilidades. Cuando una unidad cuántica es extraída de ese mar, se convierte en una verdadera bestia en lugar de una mera bestia virtual – pero nadie puede saber de antemano en cuál de las variadas bestias reales podría convertirse, pues igual se convertirá. Pareciera escoger sus verdaderos estados por sí misma).
- A pesar que la unidad cuántica está en una serie de verdaderos estados, no nos permite observar y medir todos estos estados al mismo tiempo: cuando medimos uno de sus estados (por ejemplo, su posición o energía), la otra se vuelve borrosa (como ser la velocidad de movimiento o el tiempo de su observación).
- Las unidades cuánticas son muy sociables: cuando están en el mismo estado, permanecen encadenadas no obstante cuán lejos se aparten las unas de las otras. Cuando una de las unidades cuánticas formalmente conectadas es sometida a una interacción (esto es, cuando es observada o medida), escoge su propio estado – y su melliza también escoge su propio estado, pero no libremente: escoge de acuerdo a lo que escogió la primera melliza. Siempre escoge un estado complementario, nunca el mismo.
- Dentro del sistema complejo (tales como la preparación de un experimento), las unidades cuánticas demuestran solamente comportamientos sociables. Si nosotros medimos una de las unidades cuánticas en el sistema, las otras también se vuelven “reales” (similares con sentido común a un objeto.) Aún más increíblemente, si creamos una situación experimental en la cual cierta unidad cuántica pueda ser medida individualmente, el resto de las unidades cuánticas se vuelven “reales”, aún cuando el experimento no se lleve a cabo. . .
MAS ALLÁ DEL TIEMPO Y EL ESPACIO
-El hecho increíble que emerge de este mar de misterio cuántico es que las partículas y átomos no son bestias individuales. Son entidades sociables, y bajo ciertas condiciones, están tan totalmente “enredados” los unos con los otros que no solo están aquí o allí, pero en todos los lugares pertinentes al mismo tiempo. Esta falta de ubicación no respeta ni tiempo ni espacio: existe a pesar que la distancia que separa a las partículas y átomos sea en milímetros o en años luz, y aunque el tiempo que los separa consista en segundos o en millones de años.
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