LA VIOLENCIA ENTRE LOS JÓVENES Y NIÑOS

Viendo un programa de televisión, ví impactada una escena de una jovencita pegando a otra, en la forma más cruel y violenta, arrastrándola por el barro, a vista y paciencia de un grupo de jóvenes, quienes disfrutaban de esa penosa situación. El narrador comenta que el problema de la violencia en las escuelas ha llegado a extremos inquietantes, sobre todo entre las jovencitas. Son ellas las que más llevan armas corto-punzantes, y que ha habido hasta crímenes. Itxaso Álvarez – i.alvarez@diario -el correo.com/BILBAO

“Ha surgido otra nueva modalidad de violencia entre la gente joven – grabar palizas con el teléfono es la última moda macabra con la que se divierten adolescentes sin escrúpulos. Padres, profesores y psicólogos se preguntan el por qué.

Es la nueva moda. Salir “a matar”, registrar la ‘hazaña' con la cámara del teléfono móvil y colgar después el video en Internet. A imitación de lo que sucede en algunos videojuegos que se venden en comercios especializados en España. Los mismos que una vez puestos a funcionar en el ordenador, lanzan las primeras recomendaciones y bonifican y felicitan al jugador si las sigue a rajatabla: “Acerca a tu enemigo hacia la pared y empotra su cara contra el muro. ¡Es más efectivo que las palabras!” O bien: “Sólo sobrevivirán los que no tengan reparos en reventar la cabeza de su rival o recurrir a bates y navajas”. O bien: “Sonríe a la cámara, Willy”, al tiempo que se propina a la víctima un bofetón inesperado.

Sucede que no, que esto último no es carne de videojuego. Es la vida misma. Se lo decía un joven de 26 años barcelonés a los transeúntes elegidos al azar mientras su cómplice repartía los golpes. Lo pasaban en grande los dos amigos viendo las imágenes registradas por un celular de última generación. Observando a sus ‘Willys' con la cara desencajada por el dolor. De un aparato tanto o más moderno se sirvieron diez menores sevillanos para grabar durante cinco interminables minutos a una compañera de clase con síndrome de Down mientras la insultaban y la obligaban a repetir comentarios de índole sexual. Enviaron la grabación al resto de la clase a través del correo electrónico.

“Las peleas y los vídeos retransmitidos por el móvil circulan en los recreos y se coleccionan como si fueran cromos”, explica una adolescente en un foro de Internet referido al acoso escolar. Hay cada vez más páginas web que recogen filmaciones rápidas de palizas grabadas. Esto se observó por primera vez en torno a los distintos conflictos bélicos. Hubo empresas que ofrecían suscripciones gratuitas a cambio del envío de una filmación”, argumenta Guillermo Cánovas, presidente de Protégeles, una asociación contra la pornografía infantil en Internet.

Javier Urra, asesor de la fiscalía de Menores del Tribunal Superior de Madrid, recuerda el caso de “catorce chavales que dieron una paliza a otro en el chalé de uno de ellos. Cada uno decía haber propinado un golpe. Uno, el puñetazo, otro, la patada…la sumativa era la paliza; la cobardía, hacerlo arropados por el grupo. No asumían su responsabilidad entre sí”.

BUENOS MODALES: A que la familia es la primera escuela apelan aquellos que tratan de definir el origen de los comportamientos de violencia gratuita por parte de pequeños “Corleones”. Pero que “para educar a un niño hace falta una tribu entera” se apresura a interpretar, recurriendo a un proverbio africano, el pensador y filósofo José Antonio Marina, en su libro ‘Aprender a Vivir'. La tribu son padres, profesores, escolares, Administración…Y los brujos de la tribu, expertos en pedagogía, psicología, relaciones interpersonales…”La sociedad necesita buenos modales para vivir – sostiene -, pero hoy estos se han encallado en la escuela y fuera de ella”.

“Hemos empezado a detectar casos de padres que se preguntan qué llevarán sus hijos en el móvil, pero no se atreven a cuestionarles por miedo a que se rompa esa línea de permisividad con que les han educado y sus hijos se pongan en contra de ellos.‘Te doy libertad', les dices, mientras te preguntas si tu hijo será uno de ellos”, explica Pilar Triguero, de la Confederación laica de Padres de Alumnos.

Se ha comenzado por prohibir a los alumnos que lleven teléfonos móviles, y si o hacen, los confiscan.

José Antonio Martínez, presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos no niega que el deterioro de la convivencia escolar es un hecho. Hace dos semanas, un profesor de Lenguas Clásicas de Ciudad Real era abordado en plena calle y golpeado por tres adolescentes. Uno grababa. Otros dos pegaban. “El del móvil gritaba que me diesen en la cara para que no pudieran reconocerme”, relató el maestro. Se creó un teléfono del Defensor del Profesor para docentes que se sienten maltratados por sus alumnos y no saben a quién acudir. Llevan atendidos más de doscientos casos.

“Un instituto debe enseñar a convivir del mismo modo que enseña matemáticas o lengua”, destaca Uruñuela, profesor de Secundaria.

Sin embargo, algo bueno está empezando a salir de todo ello. En primer lugar el reconocimiento de que los institutos no deben enseñar solo matemáticas, lengua y conocimientos en general, sino que también deben enseñar a convivir y a educar en valores éticos, de respeto, colaboración y buena voluntad. Y segundo, que esta educación en valores no puede ser bien llevada a cabo sin la colaboración de profesores y padres.

Hay que ser conscientes que no se puede pretender enseñar valores a los niños y jóvenes si los profesores y padres no se esfuerzan ellos mismos en practicarlos y dar buen ejemplo. Si los profesores o padres insultan, blasfeman, y hacen otras cosas erróneas, como yo mismo he visto hacer delante de niños pequeños, ¿qué podemos esperar que aprendan? Como primer requisito los padres y profesores y personas mayores deben de ser conscientes de la importancia de que ellos mismos practiquen lo que quieren que aprendan sus hijos y alumnos, porque el primer y principal método de aprendizaje es mediante la imitación, sobre todo para los pequeños. También es de gran importancia que los padres dejen de dar la razón a sus hijos cuando hacen cosas erróneas, y comprendan ellos y hagan comprender a sus hijos la importancia de saber ponerse en el lugar del otro y así darse cuenta del daño que han hecho. Y que comprendan la importancia de poner unas normas de actuación en casa y no tener una permisividad total que luego pasa al tratamiento con los demás. A ellos deben agregarse adecuados métodos de desarrollo de esos correctos valores éticos que deben tener su continuidad en la familia para una mayor efectividad.”

Colaboración de Juan Manuel desde España, por Unidad de Servicio

Aquí en Cochabamba, Bolivia, también he podido ver los excesos de la juventud, bebiendo al lado de sus coches en barrios residenciales. Se ve a los niños comiendo y bebiendo en forma insaciable alimentos y bebidas chatarra, y pidiendo, pidiendo y pidiendo que les compren una y otra cosa. Si se sacan una buena nota, no se fomenta la palabra de aliento y felicitación, pero el premio mediante la compra de algún objeto. No ayudan en la casa, si no existe el consabido premio o que se les pague. Hace un tiempo, una joven señora caminaba en un colegio de la ciudad, cargando a su bebita de un año y su bolsa de pañales. La señora tropezó y cayó estrepitosamente al suelo, con la pequeña en brazos. La madre logró proteger a su niña de la caída con su brazo, pero el golpe fue contundente. Cerca, había varios alumnos de cursos superiores, tanto hombres como mujeres. NINGUNO se acercó ni para preguntar si se había hecho daño, y menos si podían ayudar en algo. Esa joven señora es mi hija. Llega a ese extremo la falta de sensibilidad y compasión, y nos hace pensar que nuestra sociedad sufre de una grave falta de valores.

 

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