Bajaron las barreras, pero los alemanes de pueblos aledaños a las fronteras temen que aumente la criminalidad.
Hans, un guardia fronterizo de 25 años, ayuda a desmantelar la valla caminera que separa a Alemania de Polonia por más de seis décadas. “No deberían hacer esto tan pronto, ya que de acuerdo a mi abuelo, que vio la guerra y el comunismo, piensa que esto no nos traerá nada positivo,” dice él, transpirando pese al frío intenso, cerca de la frontera, “pero yo opino que mientras menos barreras, mejor, y no podemos discriminar contra los polacos eternamente.”
Hans hablaba así horas antes que las fronteras se abran con un despliegue de fuegos artificiales, fiestas callejeras y bandas, mientras se abría el camino hacia Polonia y hacia otros siete países del bloques oriental, junto a Malta, quienes se unían a la zona sin fronteras de Schengen. |