LA SERPIENTE

De Nila Tadic' de Ossio


Una joven señora me comentaba que la primera vez que entró al Hemiciclo en Sucre, donde actualmente se está volviendo a elaborar la Constitución política que regirá los destinos de nuestro país por varias generaciones, sintió tal sensación de reverencia y respeto, por ser un lugar donde se ha escrito la historia de nuestro pueblo, y ambas nos preguntamos si cada uno de los constituyentes allí reunidos estarán concientes de la responsabilidad que han asumido, si tendrán claros los conceptos de un pueblo unido, pujante y solidario, si podrán llegar a consensos equitativos y justos, o simplemente no podrá hacer a un lado sus partidismos, ideologías o conflictos raciales. Solamente el generoso olvido de si mismos, la búsqueda del bien de la nación, traerá cambios que mejoren la situación de todo ciudadano boliviano y que esté basada en nuestra realidad y en nuestras necesidades, y no en fundamentos foráneos. Y eso requiere grandeza interior.

Un artículo de “Vedoble” que salió en Los Tiempos, de Cochabamba, el día domingo 20 de Agosto, me llamó la atención y en una de sus partes decía así: “En todo organismo biológico la cabeza dirige a todo el cuerpo, y parecería ilógico que la cola de la sociedad – el campesinado – mande a los demás. Pero recuerdo una antigua parábola judía: por un orden natural, el cuerpo de la serpiente seguía a la cabeza, y todo iba más o menos bien; pero la cola, insatisfecha, con largos resentimientos acumulados y legítimas ambiciones, le dijo un buen día a la cabeza:

-No es justo que yo esté sometida a tu mandato. Sólo tú decides qué hacer y por dónde ir, y yo no hago más que obedecer; pero ambos somos parte del mismo cuerpo y debemos tener iguales oportunidades.

-¡Miserable! – exclamó la cabeza - ¿Cómo pretendes dirigir el cuerpo, sin ojos, cerebro ni experiencia para hacerlo?

-Te crees irremplazable. Usas el lenguaje de los poderosos. Llevas todo el cuerpo por donde te da la gana. Muerdes todos los manjares mientras yo soporto las asperezas del camino.

Nunca pudieron ponerse de acuerdo. La cola desobedecía órdenes y desequilibraba todo el organismo, hasta que la cabeza, por su propia seguridad, tuvo que renunciar a su liderazgo y cederle el mando. La cola, resuelta a hacer suyos los privilegios de la cabeza, gobernó con firmeza poniendo todo al revés; pero cuando quiso moverse todo el cuerpo quedó enterrado en un charco cenagoso. Logró salir, a tientas, con todo el cuerpo empapado en fango maloliente; pero luego se metió en un matorral lleno de espinas. Salió también, con magulladuras, y siguió arrastrándose por peligrosos ámbitos. Estuvo a punto de caer en un abismo, y la cabeza vino en su ayuda; pero, emperrada en dirigir, cayó finalmente en un horno encendido, y cuando la cabeza fue a salvarla era demasiado tarde: la cola se estaba quemando. Pronto las llamas llegaron a la cabeza y la serpiente sucumbió.

¿Quién tuvo la culpa? ¿La cabeza, que provocó el descontento por no conducir con equidad y sabiduría? ¿La cola, por asumir un papel para el cual no estaba capacitada? Si las clases altas pierden su liderazgo natural por corrupción e incapacidad, las clases bajas pueden asumir el control sin capacidad para hacerlo, llevando a todos al abismo”.

Primeramente, veremos que la antiquísima religión Hindú tiene por base la diferencia de castas. La casta más baja era considerada el campesinado, luego, subiendo en escalafón venía la casta de comerciantes, luego, la casta de los soldados o defensores de la ley, y finalmente, como la casta regidora, la de los maestros. En la época que llegó el Buddha, Él trató de disuadir ese orden tan severo, que era llevado a cabo con actitudes muy cerradas y ortodoxas, haciendo demasiado hincapié en los complejos de superioridad y de inferioridad. Si nosotros analizamos esto, vemos que todos formamos parte de una Unidad , y que nadie es mejor que otro. No se trata de una raza u otra; simplemente hay distintos grados de evolución y unos poseen más cultura interna, otros menos, y muchos ninguna. Esas diferencias se encuentran en todas las razas, y hoy en día, en todas las castas.

Estamos en la era de la quinta subraza y de la quinta raza raíz – la Raza Aria. El número cinco es por excelencia el número de la mente. Más que el color de la piel y las facciones, la Raza Aria conlleva un estado de conciencia, donde predomina el uso de la mente mediante el raciocinio y el sentido común. Por esa razón, la educación es un factor fundamental para poder actuar de modo coherente y responsable en esta sociedad. La educación es uno de los factores importantes que va a cerrar las brechas del racismo y de la separatividad.

La buena voluntad colaboradora es, seguramente, la primera idea que debe presentarse a las masas y enseñarse en nuestras escuelas como garantía de una nueva y mejor civilización. La comprensión amorosa , aplicada inteligentemente, debe ser la característica de los grupos cultos e inteligentes, a lo cual debe agregarse el esfuerzo, de su parte, para relacionar el mundo de significados con el mundo de los esfuerzos externos, en bien de las masas. La ciudadanía mundial como expresión de buena voluntad y de comprensión, debe ser la meta de los iluminados de todas partes y el signo característico del hombre espiritual; en estas tres expresiones se hallan establecidas las correctas relaciones entre la religión, la educación y la política”. (Educación en la Nueva Era , pg. 103-4)

Epictetus dijo: “Sólo los educados serán libres”. “El mundo no estará libre de guerras e injusticias hasta que los individuos no sean libres. El lugar más poderoso donde poner fin a las guerras internas y externas y liberar a las almas, es la conciencia humana. Cualquier acto de libertad es liberador, poderoso y ennoblecedor cuando está alineado con la conciencia humana.” (UNICEF)

En este momento, Bolivia es víctima de su falta de educación, que conlleva la pobreza, el racismo y separatividad, la depredación de sus tierras y la gran inestabilidad política. Es, sin duda, un amplio campo de servicio para cualquier miembro del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo u hombre o mujer de buena voluntad y corazón amoroso.

"Si solo dejáramos de tratar de estar felices, podríamos pasarla muy bien". – Edith Wharton

 

 

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