Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar,
sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las
cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención,
y energía repentinamente se volvieron insignificantes.
Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores
por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré
la misma satisfacción o comunicación con los amigos
con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté
porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía.
Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído
placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría
de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi
atención. Todo mi sentido de propósito había
cambiado. Tuve un breve sabor de algo más y mejor, pero
no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida.
Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome
loco. Fue una oscura noche del alma.
Si estás pasando a través de tal noche, o incluso
lo has hecho, consuélate en saber que tal vacío
es una muy importante, útil y necesaria parte del viaje.
Cuando siembras un jardín, la tierra tiene que ser labrada,
revuelta, y alisada antes de que las nuevas semillas puedan crecer;
de otra manera las viejas malezas sobrepasarán el almácigo.
De la misma manera, antes que una nueva y brillante construcción
pueda ser levantada, la vieja, malgastada e inútil estructura
tiene que ser despejada. Tenemos que hacer espacio para que algo
nuevo y mejor entre en nuestras vidas. Mientras puede parece que
estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes
que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría
en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros.
“HAGAMOS, COMO ENSEÑABA GHANDI, QUE LA PLEGARIA,
EL DIÁLOGO CON DIOS, SEA LA LLAVE DE LA MAÑANA Y
EL CERROJO DE LA TARDE…”.