La educación es un proceso continuo, de permanente interacción, que se inicia antes del nacimiento del individuo, con la educación de sus propios padres, y dura toda la vida, desarrollándose en instituciones específicas y más allá de ellas. En este encuentro con la sabiduría interior los educadores podemos ser meros transmisores de información, o podemos fijarnos como objetivo un verdadero concepto de maestría. Si asumimos el SER MAESTROS podremos contribuir a un cambio social, desde un desarrollo tanto individual como colectivo. Para ello necesitamos querer participar en el cambio, y lograr la capacidad de vivir el mismo como un desafío vital. Podremos colaborar así en la construcción de una comunicad armoniosa, basada en los VALORES HUMANOS como pivotes clave del crecimiento personal y comunitario.
Cuando aprendemos a vivir en nuestra esencia de Valores Humanos, amamos sin egoísmo, comprendemos toleramos, compartimos. Este Hombre Nuevo, en permanente proceso de construcción, AMA, ama la vida en todas sus manifestaciones. Se nutre en la verdad y en la rectitud. Se atreve a la paz como manifestación auténtica del ser humano. Le pone multa a la violencia, viviendo en la comprensión que nos conduce hacia la no violencia en actitudes, gestos, palabras y más aún, en pensamientos.
Afronta con valentía y decisión este reencuentro con la dimensión positiva del Ser. Construyendo desde allí un nuevo paradigma para la humanidad.
Un maestro sufí dijo: “Puedes volver a tus orígenes y desde allí levantar un árbol con lo mejor de ti mismo”.
Plantemos esa semilla en el corazón de los niños y de los jóvenes, y desde allí crecerán los árboles que oxigenarán al planeta. Así reencontraremos el equilibrio y haremos realidad ese pensamiento de Sai Baba que dice: “ LA VERDADERA EDUCACIÓN CONSISTE EN EL CULTIVO DEL CORAZÓN”.