Cecilia Ramírez es mamá de tres lindas muchachas, una estudió Ingeniería Industrial, otra está terminando medicina, y la menor estudia Licenciatura en Deportes. Pertenece a la Unidad Boliviana de Servicio. Actualmente tiene dos grupos de meditación y estudio que se reúnen en su casa, y apoya el trabajo de Plenilunios, Triángulos y Buena Voluntad. Hace 5 años atrás comenzó a ir a la cárcel de mujeres, y Faro de Luz la entrevistó:
Faro: ¿Qué es lo que te motivó trabajar con las internas de la cárcel?
C: Los Libros Azules me impulsaron a ayudar a estas reclusas. El fin es ayudar a la superación espiritual en forma diferente, basada en el amor al prójimo y la buena voluntad. Y para dar a estas mujeres más fortaleza debido a donde están. Lo que hago constantemente es inculcarles la autosuperación y autoestima, que generalmente la tienen muy baja, por razones evidentes. También trabajamos con el perdón.
Faro: ¿Cómo es la infraestructura de la cárcel de mujeres?
C: Siendo nuestro país pobre, muchos lugares de servicio público están descuidados, y por supuesto, la cárcel es uno de ellos. Es un lugar poco agradable, donde hay mucho hacinamiento. Hace poco tiempo atrás, la población carcelaria era de 250 personas. Había 90 niños y 33 jóvenes. Ahora es un poco más o un poco menos, pero fluctúa por ahí. Es un lugar tipo conventillo alrededor de un patio muy reducido para tal cantidad de gente, e inclusive las lavanderías están allí, a un lado. Existen cuartitos y más cuartitos pequeñísimos, donde sólo las más afortunadas logran estar solas, pero en general son cuartos de hasta 8 personas que duermen en cama-camarotes o simplemente como pueden. También duermen en los pasillos e inclusive en la capilla, cuando hay demasiadas internas. No existe un comedor ni una cocina, y menos un espacio de recreación. Ni tienen un lugar adaptado para recibir visitas. Se visita a las internas en el atestado patio o en la celda.
Faro: ¿Si no tienen ni cocina ni comedor, cómo preparan sus alimentos?
C: Cada una prepara su rancho. Les dan a cada una su “interdiario” o una cantidad mínima que es irrisoria, - unos cuantos centavos de dólar por persona, y buscan la forma para hacer sus alimentos. Cada cual se cocina, y muchas tienen sus pequeñas cocinitas o fogoncitos.
Faro: ¿Cómo funciona la seguridad?
C: El lugar tiene una pared alta, y afuera está rodeado con vigilancia permanente. Cada vez que entro para dar mis clases, se me revisa exhaustivamente. El problema es que las mujeres policías que vigilan el lugar son constantemente cambiadas, me imagino que para evitar la corrupción. Esto perjudica, porque las que llegan no logran hacer ningún cambio significativo porque les quitan el entusiasmo y no les dan el tiempo suficiente para ir implementando cambios. Debido a eso, nunca puede haber un progreso.
Faro: ¿Cuáles son los mayores problemas que enfrentan allí las reclusas?
C: Indudablemente la falta de espacio. También les falta una organización estableciendo horarios y alguna disciplina. Pues durante el día es prácticamente sálvese quién pueda – unas están en el sol tejiendo, otras tienen algún puesto de venta, pero no hay ninguna actividad que se les haga hacer, a no ser la limpieza del lugar. No tienen ciertas obligaciones como reclusas. El único horario que cumplen es la hora de levantarse, momento en que pasan lista. El resto del día es sin horarios, excepto cuando asisten a talleres.
Faro: ¿Qué hacen para ocupar su día?
C: Hay gente de buena voluntad que va a darles cursos, algunos pagados por fundaciones. Estos hacen talleres de alfabetización, pintura en tela, labores, tejidos, etc. Y las reclusas que quieren, pueden tomar esos cursos en forma voluntaria. Eso las beneficia porque pueden vender luego sus productos y les ayuda para su subsistencia. También lavan y planchan la ropa de la gente. Es una forma de ganar sus pesitos.
Faro: ¿Cuáles son sus mayores carencias?
C: Las carencias que tienen son inodoros, medicamentos, también aulas, mesas, sillas para el patio, sombrillas para el patio y sogas para colgar la ropa. Hay una construcción que ha quedado a medias, y aún no pueden acabar por falta de fondos.
Faro: ¿Cuáles son los mayores delitos de estas mujeres?
C: El 83% de las reclusas están por el delito de la Ley 1008 (droga), y el 17% por delitos comunes. Y el problema que enfrentan es la retardación de justicia. Quiere decir que hay gente encerrada durante meses y hasta años, y aún no saben su sentencia. Otras tienen la desgracia de sufrir por la falta de conciencia de algunos abogados que las estafan miserablemente, pidiendo dinero a las reclusas, prometiéndoles que las van a sacar, y luego desaparecen del mapa. Hay muchos abusos de esa clase.
Faro: Dices que hay varios niños dentro del penal. ¿Son los hijos de las reclusas?
C: La mayoría de las mujeres viven con sus hijos. Los niños se distraen en “ La Casita de la Amistad ”, que queda en la misma plazuela, frente a la cárcel, donde los llevan para que tengan diferentes actividades y ambientes, y se quedan todo el día o medio día. Les dan alimentos. En la noche duermen con sus madres.
Hace poco, una pequeña de 5 años, hija de una reclusa, se hizo caer agua hirviendo y quedó con quemaduras de 2º grado. La tuvieron que llevar al hospital e internarla. La niña sufría de dolor y entró en una depresión enorme, porque no podía ver a su madre recluida. Lo único que pedía como gran cosa era volver a “su casa” – a esa celdita de 1 ½ mts. x 2 mts. que para ella constituía su hogar, y poder estar con su madre. Como madre, no pude evitar pensar en la gran necesidad que sentía esa asustada pequeña de tener a su madre cerca en sus momentos de dolor, acompañándola y tranquilizándola.
Faro: ¿cómo toman las reclusas éstos estudios?
C: Noto que en la gente que se sintoniza con estas enseñanzas nace en ellas como una esperanza. Hay bastante receptividad. Es una toma de conciencia diferente. Al interrelacionarnos, ellas comparten con sus propios ejemplos de vida y en su propio lenguaje, y uno aprende mucho de ellas. Recordemos que son personas que están sumidas en la desesperación, y ven estos estudios como una lucesita o como una forma diferente de enfocar la vida.
Mucha gente las rechaza y hasta les tiene temor, pero allí adentro hay gente muy linda, y con muchos valores. No es como la mayoría cree. Hay muchas que son muy sensibles, y se ayudan. Evitan caer en nuevos problemas. Se nota que están encarceladas debido a una gran necesidad, y han caído en la ley 1008 por la tentación de vivir mejor o darles algo a sus hijos.
Lo que más hago hincapié es en el Perdón, porque cuando ellas comprenden que primero deben perdonarse a sí mismas, van cambiando su enfoque. Por supuesto que esto es un proceso.
Faro: ¿Qué sientes tú cuando vas?
C: Siento que estoy aportando algo a la gente. Y al enfrentar tantos problemas y penas, me rodeo en oración y trato de no involucrarme emocionalmente. He aprendido a duras penas a no identificarme con los problemas que veo allí, porque saldría muy perjudicada y no podría ayudar. Uso la “divina indiferencia” – es decir, me ocupo pero no me involucro emocionalmente.
EL UNIVERSO VIVO
“Creo que la tendencia actual que más lejos va, es el cambio emergente en nuestra visión compartida del universo – de pensarlo como muerto a pasar a vivenciarlo como vivo.
Al considerar vivo al universo y vernos nosotros como sostenidos constantemente dentro de esa condición, vemos que estamos íntimamente relacionados con todo lo que existe. Esta nueva percepción representa un nuevo modo de ver y relacionarnos con el mundo y supera la profunda separación que ha marcado nuestras vidas.”
Del filósofo Duane Elgin (Verdementa)