A veces tengo la sensación de que está de moda entre
la gente poner demasiado énfasis en el desarrollo material,
y se olvidan los valores internos. Debemos, pues, desarrollar
un mayor equilibrio entre las inquietudes materiales y el crecimiento
espiritual interior. Creo que es natural que actuemos como animales
sociales.
Debemos trabajar para acrecentar y mantener cualidades como el
compartir con los demás o el preocuparnos por su bienestar.
También debemos respetar los derechos de los demás
y reconocer que nuestra felicidad futura depende en gran medida
del resto de los miembros que forman nuestra sociedad.
En
mi caso, con dieciséis años perdí la libertad
y a los veinticuatro perdí mi país. He sido un refugiado
durante los últimos cuarenta años y he soportado
el peso de grandes responsabilidades. Si miro hacia atrás
veo que no he tenido una vida fácil. Pese a todo, durante
esos años he aprendido muchas cosas acerca de la compasión
y de la preocupación por los demás. Esta actitud
mental me ha llenado de fuerza interior. Una de mis oraciones
favoritas es:
Hasta que permanezca el espacio,
hasta que permanezcan los seres que sienten, yo permaneceré,
con el fin de ayudar, con el fin de servir,
con el fin de aportar lo que esté en mi mano.
Este estilo
de pensamiento implica fuerza interior y confianza. Ha dado un
sentido a mi vida: no importa cuán difíciles o complicadas
sean las situaciones, la paz interior no nos abandonará
mientras mantengamos esta actitud.