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Debemos considerar esta unidad como
algo digno por lo cual se lucha y se muere, y ella debe constituir
el nuevo fundamento para todas nuestras organizaciones políticas,
religiosas y sociales, y ser el tema principal de nuestros sistemas
educativos. Unidad humana, comprensión humana, relaciones
humanas, juego limpio humano y unidad esencial de todos los hombres
–son los únicos conceptos sobre los cuales construir
el nuevo mundo, abolir la competencia y terminar con la explotación
de un sector de la humanidad por otro, y hasta la actual injusta
posesión de la riqueza de la tierra. Mientras existan las
extremas riqueza y pobreza, los hombres no podrán alcanzar
su elevado destino. (Los Problemas de la Humanidad, pág.
89)
El gran pecado o herejía de la separatividad. Con seguridad
no existe pecado mayor que éste, el cual es responsable de
la extensa gama de males humanos. Fomenta la lucha entre hermanos;
considera únicamente de suprema importancia el interés
personal y egoísta; lleva inevitablemente al crimen y a la
crueldad, y constituye el obstáculo más grande para
la felicidad del mundo, porque pone un hombre contra otro, un grupo
contra otro, una clase contra otra y una nación contra otra
nación. Engendra un sentido destructivo de superioridad y
conduce a la perniciosa doctrina de naciones y razas superiores
e inferiores; produce el egoísmo económico; da origen
a la explotación económica de los seres humanos, a
las barreras económicas, a la condición de los que
poseen y los desposeídos, a la posesión territorial
y a los extremos de pobreza y riqueza; da excesiva importancia a
las adquisiciones materiales, a las fronteras, a la peligrosa doctrina
de la soberanía nacional y a sus diversas implicaciones egoístas;
fomenta desconfianza entre los pueblos y odio en todo el mundo,
y ha conducido, desde el origen del tiempo, a crueles y destructoras
guerras. (Los Problemas de la Humanidad, pág. 93/4)
El pecado o herejía de la separatividad que impiden lograr
en la práctica un mundo que refleje la Unidad Humana en los
hechos del diario vivir es lo que produce la pobreza. Todos aquellos
que luchan por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio
y un estado de pobreza cero en este mundo son hombres y mujeres
de buena voluntad, miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo,
que han logrado reconocer dentro sí que todos los seres humanos
somos Uno, que la Unidad Humana es un hecho, y por tanto, sienten
el dolor y la pobreza de otros seres humanos como propia. Ningún
intelectualismo puede acallar ese dolor una vez que se ha reconocido
la Unidad como un hecho dentro de sí.
El libro Los problemas de la Humanidad, escrito por el Maestro Tibetano
en su rol de portavoz de la Jerarquía Espiritual de Maestros
contiene muchas sugerencias acerca de cómo superar todos
los males de este mundo. Arriba, dos citas a modo de ejemplo que
no apuntan a causas y soluciones económicas o ideológicas
trilladas, sino a la naturaleza íntima del ser humano que
todos compartimos en alguna medida, y que por tanto, a través
de nuestra comprensión y cambio de conducta se encuentra
la solución.
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