Me retiré hace un mes atrás. Mis inversiones en la bolsa indicaban que, junto a mi magra pensión, había tomado la correcta decisión en el momento adecuado. Sentí que lo hice responsablemente a nivel humano, y espiritualmente a nivel alma.
Imaginen mi estupor cuando llegó la noticia que el mercado estaba trastabillando; la gente estaba perdiendo sus hogares, trabajos, seguros de salud, y beneficios de retiro. La prensa, los oficiales gubernamentales y expertos en economía comenzaron a reportar una peligrosa crisis financiera que barrió todo el país como un ladrón en la noche, robando a la gente no sólo sus necesidades humanas, pero su esperanza. El terror sobrecogió a todo el mundo.
Yo también sentí una punzada de ese temor. Es interesante lo que el miedo puede hacer, aunque sea por un momento, a un alma practicante y conciente en encarnación. Lo peor de esos momentos vinieron con la percepción que yo era un desvalido mortal, que está pagando el precio del descuido, engaño y ambición de otros mortales. En esos momentos de temor, donde buscaba culpables, no escuché al Espíritu Santo ni sentí la presencia de Dios. Sólo podía pensar… ‘todos estamos embromados'.
Apagué mi televisión, y me quedé reflexionando qué podría hacer. Mi instrumento estaba tenso, mientras mi cabeza reciclaba la imagen de las caras de los comentaristas dando reportes tan desalentadores. Fue precisamente en ese momento que comprendí qué incómoda y fuera de alineamiento estaba. Me senté por unos minutos, luego aclaré mi cabeza, cerré mis ojos y escuché una pequeña y quieta voz preguntarme, “¿En qué crees verdaderamente?”.
Yo creo en nuestra inseparable conexión con nuestro Creador y entre todos nosotros, y en la Conciencia Crística, me escuché decir. Creo en el poder absoluto del Principio Divino, de la Vida , de la Verdad y del Amor. Creo en la Presencia del Reino de Dios en la tierra, en nuestra identidad como hijos de Dios, y en nuestra habilidad para demostrar la Divinidad que está dentro de todos nosotros. Estas son las cosas en que creo.
“Entonces demanda esas cosas para ti, para otros y la tierra, y permanece en paz,” oí la suave voz decir. Y así lo hice.
Se me recordó que Dios es Todo, y está en todos nosotros; que si demandamos esa verdad para nosotros y para los demás, seremos testigos del Amor de Dios en nuestros campos de batalla, y ya no volveremos a recordar la guerra. Si comprendemos que Dios es Ilimitado, que es Abundancia Divina, perderemos el concepto de la escasez y de la lucha. Nos conoceremos en la imagen y semejanza de nuestro Creador, y veremos sólo aquello que es de Dios, en nosotros y en los demás. La ilusión que alguna vez nos sentimos separados desaparecerá como la bruma matinal y toda la creación se regocijará junta.
Ahora puede ser el ‘tiempo' y el ‘lugar' en esta dimensión que nos corresponde, y que ha sido preparado divina y estratégicamente. Ahora puede ser el tiempo para preguntarnos en qué creemos verdaderamente; si simplemente lo deseamos, o activamente demandamos y demostramos la Presencia , la Paz y el Poder de Todo Lo que Es.
Ahora podría ser el día en que despertemos, prendamos la TV , veamos a Dios en Wall Street y digamos, “¡Por supuesto! ¿Cómo no me di cuenta de eso antes?”
Bendiciones Siempre,
Linda
(Pam Nissen, U.S.A.)