Se nos dice que lo primero que existió fue “el Verbo”, y que éste se hizo carne. También sabemos que hasta nuestras más simples palabras se nos tendrán en cuenta. Y aún más, que peor es lo que sale de nuestra boca que lo que entra. Finalmente, la física cuántica nos señala que somos y estamos sumergidos en partículas/ondas vivientes, que responden a lo que hablamos. ¡Qué importante es el hecho de hablar! Porque mediante el verbo, estamos expresando lo que sentimos, lo que pensamos. Se nos dice que con nuestra palabra creamos nuestro karma.
Últimamente pareciera que se ha recrudecido la virulencia de la palabra en nuestros medios. La violencia mediante la palabra es pan nuestro de cada día. Se nos amedrenta, se nos amenaza mediante la palabra, se critica y se insulta mediante la palabra. También, hay intereses que quieren amordazar la palabra, para que no se pueda denunciar aquello que no es correcto o para evitar que se expresen ideas contrarias a un centro de poder. Está en juego, mediante la palabra, hasta lo más sagrado que todos tenemos: nuestra libertad.
Mme. Blavatsky dijo: “La mente es la matadora de lo real”. Es una gran verdad, porque nuestro razonamiento nos lleva solo hasta el límite de nuestras percepciones, y muchas veces interpretamos mal las intenciones de los demás, y luego la palabra entra en juego, con la cual producimos un embrollo aún mayor, diciendo cosas que quizás no hubiésemos querido decir, hablando de más, o no diciendo lo suficiente, o no callando a tiempo. Y lo peor de todo es que las palabras no pueden borrarse. Son como plumas voladas por el viento, que no se pueden recuperar más. Quedan diseminadas por todas partes. Recordemos que el que habla con virulencia y odio hacia otra persona, literalmente se está ahorcando con su propia lengua. El tiempo lo demuestra.
“Descubre que posees una mente y aprende a usarla. Sé el maestro de tu mundo mental, no la utilices en vil deseos separatistas y fines egoístas”. “Presta cuidadosa atención a tus palabras, porque tu lenguaje indica tu pensamiento” nos dicen los Maestros de Sabiduría.
Yasuhiko Genku Kumura es un filósofo y estratega de negocios. Él dice lo siguiente: “Lo que llamamos el mundo comprende una red sinérgica de conversaciones que continuamente se están formando, reformando y transformando. Esto significa que la sustancia del mundo es una idea, la cual se forma, reforma y transforma a sí misma por medio de las conversaciones de la humanidad, organizándose sinérgicamente a sí misma como una red multidimensional evolutiva. Visto de esta manera, nuestro ambiente más inmediato, fundamental y significativo no es la biosfera o la fisiosfera sino la “ideosfera”, la esfera metafísica invisible pero inteligible de las ideas y la ideación, que es la sustancia material de la red evolutiva de las conversaciones que constituyen el mundo. Dentro de esta ideofera es donde nos involucramos en la creación de nuestro mundo”.
Agrega: “De esta manera, el principal motor del mundo no es la tecnología en sí misma sino la idea. La tecnología sólo es un instrumento de la idea. La idea, y la idea únicamente, es lo que mueve al mundo. Esto significa que podemos mover el mundo con nuestro pensamiento, a través de la generación y propagación de ideas”.
El Maestro D.K. nos señala algo que olvidamos una y otra vez: “Que cada uno obtenga el control de la palabra, que ha sido a menudo su meta, pero raras veces lo lograron, y recuerden que el factor más poderoso para controlar la palabra es un corazón amoroso. La charla desordenada y desbocada, una conversación plena de odio, una insinuación cruel, una sospecha, la atribución de móviles erróneos y mal intencionados a personas y pueblos abundan en la actualidad y llevaron a la actual situación angustiosa. Es muy fácil adoptar las mismas costumbres de hablar y pensar que prevalecen a nuestro alrededor y participar de las habladurías y demostraciones de odio. Cuídense esforzadamente de esto y no digan nada que pueda encender el odio y la suspicacia respecto a cualquier raza, persona, grupo o líder de grupos y naciones. Deberán precaverse cuidadosamente para, aun en defensa de lo que personal o nacionalmente puedan aprobar, no dejarse llevar por el odio y quebrantar la ley del amor, única ley que puede salvar verdaderamente al mundo. Quizás la clave para el éxito en esta línea sea el silencio de un corazón amoroso”.