Un padre entra en el dormitorio del hijo y ve una nota encima de la cama. Temiendo lo peor comienza a leer:
- Querido papá: con mucho pesar te informo que me estoy fugando con mi nuevo amor: Gerardo, un moreno muy lindo que conocí. Estoy apasionadamente enamorado. Es muy apuesto con todos esos 'piercings' y tatuajes, y tiene una súper moto BMW.
- Pero no es solo por eso... es que descubrí que no me gustan las mujeres y como sé que no vas a consentirlo, decidimos huir y ser muy felices en su casita rodante. Él ya me dijo que quiere adoptar 1 o 2 hijos conmigo, y eso es algo que siempre quise para mí. Además aprendí con él que fumarme un porrito de vez en cuando es una cosa natural y nos hace mucho bien; me prometió que jamás en nuestro hogar nos va a faltar marihuana para fumar. Gerardo cree que yo, nuestros hijos adoptivos y todos sus amigos 'gays' viviremos en perfecta armonía. No te preocupes papá, yo me sé cuidar, y a pesar de mis 15 años ya tuve antes varias experiencias con otros chicos y tengo certeza que Gerardo es el hombre de mi vida. Un día volveré, para que mamá y tú conozcan a nuestros hijos. Un gran abrazo; hasta algún día...
Con amor... Tu hijo Miguel.
El padre casi desmayándose continúa leyendo...
PD: Papá, no te asustes. Es todo mentira. Estoy en la casa de Mariana una minita del cole que está re-fuerte. Solo quería hacerte ver que existen cosas mucho peores que los aplazos de mi boletín que está en el primer cajón (y que tienes que firmarme).
Un apretado abrazo de tu hijo ( BURRO), PERO MACHO! !
TRES SACERDOTES Y UN OSO
Un cura, un pastor pentecostal y un rabino estaban a cargo de sus respectivos templos en una universidad del norte de Michigan. Dos o tres veces a la semana, se reunían a tomar un café y charlar un rato.
Un día, uno de ellos hizo un comentario diciendo que predicarle a la gente no era tan difícil, que un verdadero desafío sería convertir a un oso. Una cosa llevó a la otra, y decidieron hacer el experimento: cada uno se adentraría en el bosque, buscaría un oso, le predicaría y trataría de convertirlo a su respectiva fe. Una semana más tarde se reunieron a comparar los resultados.
El padre Flannery, con su brazo en cabestrillo, varios vendajes en todo el cuerpo y apoyado en muletas, fue el primero:
- Bueno, entré al bosque buscando al oso. Cuando lo encontré, comencé a leerle el catecismo. El oso no quería saber nada al respecto y comenzó a pegarme con sus enormes brazos. Así que rápidamente tomé mi agua bendita, lo salpiqué con ella y por Dios y la Santísima Virgen les juro que se puso manso como un corderito. El obispo vendrá la próxima semana a darle su primera comunión y su confirmación.
El reverendo Billy Bob habló después. Estaba en silla de ruedas, tenía un brazo y ambas piernas enyesadas y tenía suero conectado al otro brazo. En su encendida oratoria relató:
- BUENO, hermanos, ¡ustedes SABEN que NOSOTROS no salpicamos a la gente! Cuando ENCONTRÉ al oso, comencé a leerle la PALABRA SAGRADA DEL SEÑOR. Pero este oso no quería saber nada conmigo. Así que lo AGARRÉ del brazo y comenzamos a luchar. Rodamos colina abajo, luego seguimos luchando mientras SUBÍAMOS otra colina y volvimos a RODAR hacia abajo hasta terminar en un arroyo. Entonces rápidamente HUNDÍ su cabeza en el agua y BAUTICÉ su peluda alma. Y exactamente como te pasó a tí -añadió mirando al cura- se volvió manso como un cordero y pasamos el día alabando a Jesús.
El cura y el reverendo miraron al rabino, que yacía en una cama de hospital. Tenía yeso por todo el cuerpo, varios suministros de remedios, sangre por vía endovenosa y monitores que verificaban constantemente su condición.
Estaba realmente mal cuando los miró y les dijo:
- Mirándolo en retrospectiva, creo que la circuncisión no era la mejor manera de intentar convertirlo.