El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de paz. Estas son las únicas discusiones del hombre superior. Confucio
¡Oh qué diferencia! Algunos amamos discutir por cualquier cosa; todo es tema de controversia. ¿Y si hubiera otros escuchando? Claro que la cosa cambia un poco...¿Un poco?!!!! ¡Ojo que hay público en la sala! Lo que digo ya no es sólo para mi antagonista...Y los circunstanciales escuchas estarán juzgando cuan lista soy...
Tanto si ganamos la discusión o si la perdemos, vamos por ahí contando nuestra historia. En el primer caso, enfatizando cuanta razón teníamos, y, en el segundo, cuánta razón teníamos en discutir y cuán equivocado está el otro. O somos vencedores, o víctimas. La batalla parece haber terminado. ¿Tomamos algo? ¿Un cafecito? ¡Horror! ¡A quién se le ocurre decir tamaña estupidez! Acalorados y resentidos, guardamos el remanente de nuestra ira quién sabe hasta cuando, mientras mascullamos bien aferrados a la situación "Qué se piensa éste..."
Así, vamos engordando al querido ego, que ríe, ríe, mientras nos observa caer bajo sus dominios. Verdementa)