LA CARNE : EMPEORA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Miércoles, Sep. 10, 2008, por BRYAN WALSH


¿Necesitan otro motivo para sentirse culpables de alimentar a sus niños con esa Cena Alegre – aparte de la grasa, las calorías y esa voz en sus cabezas preguntándoles por qué no se preocupan en cocinarles una merienda bien balanceada de vez en cuando?

Rajendra Pachauri quiere enseñarles una manera. El ganador del Premio Nóbel en Naciones Unidas – ganador del Panel Intergubernamental en el Cambio Climático, Pachauri, urgió el lunes, a la gente de todo el mundo a disminuir el consumo de carne para poder combatir el cambio climático.

“Reduzcan la carne por un día a la semana inicialmente, y desde allí, comiencen a disminuirla más”, habló Pachauri al Periódico Británico Observer. “En términos de una acción inmediata para ese cambio climático, y la probabilidad de reducirlo en un corto período es, evidentemente, la oportunidad más atractiva”. Así, esa adicción al cerdo y a la carne de vaca no sólo está tapando sus arterias; está cocinando también a la tierra.

La cría del ganado mundial genera el 18% de las emisiones de gas invernadero.

Haciendo números, Pachauri tiene toda la razón. En un reporte en 2006, la Organización de Alimentos y Agricultura de Naciones Unidas (FAO) concluyó que la cría del ganado mundial genera el 18% de las emisiones de gas invernadero – en comparación con la de todos los automóviles del mundo, trenes, aviones y botes, los cuales son responsables de un 13% de emisiones de gas invernadero. La mayor contribución del ganado para el calentamiento global viene de la deforestación, ya que la creciente demanda de carne trae consigo el corte de árboles para dar espacio a pastizales o cosechas de alimentos de animales. La ganadería ocupa mucho espacio – casi un tercio de la masa de la tierra. En América Latina, la FAO calcula que un 70% de antiguos bosques han sido derribados para pastar. La pérdida de cubiertas boscosas calienta al planeta, porque los árboles absorben CO 2 cuando están vivos – y cuando se los quema o se los corta, el gas invernadero es emitido de regreso a la atmósfera.

Luego, también está el estiércol – todo ese deshecho animal genera óxido nitroso, un gas invernadero que tiene un efecto de calentamiento hasta 296 veces más que el CO 2. Y por su puesto, está la flatulencia de la vaca: cuando el ganado digiere el pasto o el grano, produce gas metano, el cual lo expele hasta 200 veces al día. Debido a que existen 100 millones de vacas solamente en Estados Unidos, ese metano tiene 23 veces más el impacto de calentamiento que el CO 2, lo que incrementa el gas.

La noticia preocupante es que mientras la economía mundial crece, también lo hace el consumo global de carne. La persona media del mundo industrializado come más de 176 libras de carne anualmente, en comparación con alrededor de las 66 libras consumidas por el residente común del mundo en desarrollo. Mientras que las naciones en desarrollo se enriquecen, una de las primeras cosas que los ciudadanos hacen es gastar su ingreso extra en una dieta más rica en carnes. Mientras que el cerdo era antes un raro lujo en China, hoy día hasta las ciudades relativamente pobres del país pueden abastecerse de un poco de carne en casi cada comida – tanto así que las importaciones de cerdo a China subieron más del 900% en los primeros cuatro meses del año. En el 2008, se espera que la producción global de carne se incremente a 280 millones de toneladas, y esa cifra podría duplicarse para el 2050.

Producir toda esa carne va a hacer más que sólo calentar al mundo; también pondrá mayor presión sobre los recursos de tierra. La FAO estima que alrededor del 20% de la tierra para pastar ha sido degradada por animales que pastan, y la demanda creciente de carne significa la creciente demanda de alimentos de ganado – mucho del cual es la producción de granos que se da a los animales en vez que a los humanos. (La subida de precio de los granos el año pasado se debe mayormente al impacto de la creciente demanda por carne). La producción expandida de carne ha sido promovida por industrias que venden remedios y otros químicos peligrosos. Y por supuesto, el impacto en la salud humana de tanta carne puede verse desde esas cinturas hinchadas en Estados Unidos hasta en la elevación de enfermedades cardiovasculares en naciones en desarrollo, donde antes los ataques al corazón eran tan raros como un buen asado.

¿Es que Pachauri tiene razón de que volvernos vegetarianos podrá salvar al planeta? (Al menos el economista Hindú practica lo que predica). Es verdad que renunciando a esas 176 libras de carne por año es uno de los cambios en nuestro modo de vivir que podemos hacer como individuos. También se puede manejar un carro de combustible más eficiente, o instalar focos fluorescentes, o mejorar su aislamiento, pero a no ser que quieran cazar búfalos salvajes o cerdos, no existe en realidad un modo verde para obtener carne – más que comprarla. Los geofísicos Gidon Excel y Pamela Martin han calculado que si cada norteamericano reduce su consumo de carne en sólo un 20%, el ahorro de los gases invernadero sería igual como si todos nos cambiáramos de un sedan normal a un Prius híbrido.

Aún así, Pachauri no tiene toda la razón. En primer lugar, es un error táctico enfocar acciones contra el calentamiento global basándonos en restricciones personales. El mundo desarrollado podría disminuir enormemente su consumo de carne, pero esas ganancias serían devoradas – disculpen – por el mundo en desarrollo, quienes no renunciarían a su nuevo adquirido gusto por las hamburguesas y el cerdo. Lo mismo sucede con el uso de energía, o los viajes. Es maravilloso que las revistas nos muestren las 51 formas para salvar el medio ambiente, pero depender en los individuos para que cambien voluntariamente su comportamiento no es de ningún modo tan efectivo como un cambio político dirigido hacia una transición acelerada de una economía menos intensiva de carbón que la actual. Así que, de todas formas, disminuyan sus hamburguesas – yo recomiendo escorpión frito – pero recuerden que lo que escogen sacar de su menú tendrá menos importancia que lo que se escogerá quién herede la Casa Blanca el próximo enero.