Detroit, la antes orgullosa capital de la industrialización ahora es el parangón de la desindustrialización y de la declinación urbana. El anuncio en Julio 15 de General Motors de que limitará los costos de empleo de cuellos blancos (ejecutivos) en un 20 por ciento es un clavo más en el ataúd industrial.
Estamos en una etapa en la historia humana donde se está llevando a cabo un monumental cambio. |
Actualmente este fenómeno de eliminar empleos no es nuevo. Ha estado sucediendo desde los años sesenta, cuando las compañías de carros comenzaron automatizando los empleos de ensamblaje. Desde los ochentas, comenzaron firmemente a eliminar los empleos de cuello blanco, ofreciendo a los gerentes medios comprar sus partes mediante un retiro temprano. Esta es la siguiente revolución Americana, dice la Dra. Grace Lee Bogas, de 93 años, una activista de larga data en Detroit y una filósofa colegiada en Bryn Mawr.
“Estamos en una etapa en la historia humana donde se está llevando a cabo un monumental cambio - de una sociedad de cazadores/colectores a una sociedad agricultora, y de una sociedad agricultora a una sociedad industrial. Dónde nos estemos dirigiendo ahora será diferente porque hemos agotado el espacio planetario y el espacio humano para que prosigamos viendo las cosas a través de la medida Cartesiana de las cosas materiales.”
Una revolución no implica necesariamente violencia, pero implica visión. |
En otras palabras, está emergiendo una nueva época que enfatiza las interrelaciones y las comunidades más que la acumulación de cosas – y el contar nuestros ingresos.
Un viaje a Greenfield Village y al Museo de Henry Ford in Dearborn, a sólo 30 minutos del centro de Detroit, ilustra cómo creció la Revolución Industrial del siglo 19 y se convirtió en la sociedad consumista del siglo 20, pletórica de inventos y comodidades que elevaron las normas de vida de los norteamericanos de clase media. La gente podía abastecerse con estos productos porque muchos de ellos dejaron sus granjas y consiguieron trabajos mejor remunerados en fábricas en las ciudades. Sin embargo, esos buenos salarios tenían su precio: las personas se convirtieron en un diente de rueda sin mente dentro de una gigante maquinaria, como describió Charlie Chaplin en su película, “Tiempos Modernos”.
La industrialización fue muy distinta de la primera Revolución Norteamericana de 1776, que tenía que ver con la gente entregándose a la comunidad mayor, dice Grace. Ese sentimiento sucumbió a una mentalidad colonial Europea que justificaba adueñarse de los recursos naturales de África, Asia y América Latina para poder manufacturar sus productos y venderlos con enormes utilidades.
“Debemos enfrentar el modo cómo hemos usado al mundo para nuestro provecho, placeres, satisfacciones,” dice Grace. “Este el modo como evolucionamos hacia un estado superior de humanidad. Y a no ser que queramos vivir con terror para el resto de nuestras vidas, necesitamos cambiar nuestra visión sobre la adquisición de cosas.”
La sociedad industrial también ha desviado su preocupación por la justicia social mediante el enfoque en los trabajos y cheques de pago como un medio para conservar la economía estable y a la gente feliz. No enfrentó al hecho que los trabajadores sean degradados o perdido sus aptitudes, o que algunos de los productos que hacían, (como equipos militares), o algunos de los procesos que usaban (que involucraban químicos peligrosos) podrían ser dañinos.
Actualmente, la gente sólo ha tenido “empleos” durante los pasados cien años. Estos empleos no tienen nada que ver con ser productivos, con hacer productos esenciales para la vida o que lleven hacia un crecimiento personal o disfrute de la vida. Los empleos llevaron a la gente a que crean que cualquier cosa que hicieran por un sueldo era bueno – sin importar cuán destructivo fuera para la persona, comunidad o el entorno.
Ahora, en el siglo 21, después que se han perdido cientos de miles de empleos y han colapsado muchas economías locales, Grace cree que se ha abierto el camino para la siguiente revolución norteamericana, especialmente debido a que un número de otros factores necesitan que el cambio sea tanto evidente y necesario:
La ocupación de Irak; la degradación medio ambiental, extinción de especies y el calentamiento global; la polarización entre el rico y el pobre en Estados Unidos y en el Norte y Sur del globo; la inestabilidad económica con una deuda de trillones de dólares, hipotecas vencidas y el cierre de pequeños negocios locales y granjas.
Ella dice que el punto de cambio ocurrió en 1999, cuando las demostraciones de protesta cerraron con efectividad la reunión de la Organización Mundial de Comercio que se estaba llevando a cabo en Seattle. Surgió un movimiento mundial que desafió a la rapaz economía global que estaba cambiando el mercado laboral al menor postor en una especie de carrera hacia lo más bajo.
Esta revolución urge a los ciudadanos a que no permanezcan en espera de líderes para iniciar los cambios necesarios. |
“Generalmente pensamos que una revolución implica violencia,” dice Grace. “Sin embargo, una revolución tiene más que ver con la visión de lo que es posible cuando parece que las cosas están cambiando.” Ella cree que Detroit, en particular, es un suelo fértil para esta próxima revolución porque es una ciudad tan desvastada. Detroit tiene 70,000 lotes vacantes donde antes había barrios y propiedades comerciales. Y a pesar que la ciudad parece como hubiera sido bombardeada, Grace puede ver una cubierta plateada: la ciudad ya no tiene que adherirse al acostumbrado mantram capitalista de crecimiento y expansión, porque es absolutamente claro que el sistema industrial se ha terminado. Este hecho permite a que los ciudadanos respondan nuevamente comenzando hacer algo nuevo.
Grace y su esposo, Jimmy Bogas (ya fallecido), quien durante 30 años fue un trabajador automotriz de la Chrysler , y un número de sus amigos comenzaron articulando la siguiente revolución en los años ochentas. Su trabajo eventualmente plantó las semillas del “Verano de Detroit” en 1992, donde jóvenes y viejos podían regenerar sus vecindarios plantando jardines comunitarios y produciendo obras públicas de arte.
Este esfuerzo fructificó más al formar una red local de agricultura que actualmente está afectando al sistema alimentario de la ciudad mediante el crecimiento de miles de libras de productos frescos y nutritivos mediante técnicas orgánicas de agricultura, encontrando usos alternativos para espacios yermos, creando actividades generadoras de ingresos, y diversificando cosechas y productos para el mercado.
Los jardines también están afectando a problemáticas mayores como el reducir la criminalidad, la limpieza de basurales en lotes, conectando a la gente con la naturaleza, estimulando el liderazgo en ciudadanos jóvenes y viejos, y elevando los valores de las propiedades. Aún más, los jardines han encendido la esperanza en el futuro de la gente, un sentimiento que faltaba en Detroit desde el rebelión de 1967.
Esta revolución urge a los ciudadanos a que no permanezcan en espera de líderes para iniciar los cambios necesarios. Más bien, los individuos están aprendiendo a que pueden atraer a otros para ayudarlos a reconstruir sus comunidades. Admirablemente, son los jóvenes los que están especialmente aceptando este reto mediante programas de servicio locales, proyectos universitarios, y la creación de pequeños negocios y organizaciones.
“Estamos siendo testigos de un gobierno nacional incapaz de resolver los asuntos de nuestra sociedad y de nuestro mundo, porque los políticos dependen de cabilderos y de corporaciones que dan los fondos para sus campañas, y no pueden hacer aquello que necesite hacerse,” dice Grace.
Ella cita entonces un libro de Paul Hawken, “Inquietud Bendita”, que habla cómo grupos pequeños en todo el mundo están reconstruyendo sus comunidades desde los cimientos y cambiando el mundo, porque la gente se está conectando entre sí.
“Tenemos la oportunidad de efectuar un gran salto hacia delante en estos tiempos tan desafiantes,” dice Grace. “Necesitamos cambiar nuestras instituciones y cambiar nosotros mismos. Necesitamos asir oportunidades. Necesitamos lanzar nuestras imaginaciones más allá del pensamiento del pasado. Necesitamos discernir quiénes somos y expandir nuestra humanidad y lo sagrado en nosotros. Así es como cambiamos el mundo, que ocurre cuando NOSOTROS somos el cambio.”
Olga Bonfiglio creció en Downriver Detroit y se graduó de la Universidad Wayne State en Detroit, y ahora es profesora en Kalamazoo Collage, donde enseña una clase de revitalización urbana. Su sitio en el web es www.OlgaBonfiglio.com y su dirección de e-mail es olgabonfiglio@yahoo.com .
Publicado el Domingo de Julio 20, 2008 por CommonDreams.org
(Dorita)