Queridos amigos,
Me parece que Cáncer es un período apropiado para reflexionar sobre la Inofensividad. Es el signo de la madre, lo que nutre, quien arquetípicamente no daña, pero siempre da. Pero debido a su extrema sensibilidad, también es el signo que teme tanto dañar que crea alrededor de sí una dura caparazón. Y precisamente esta dura concha sí produce daño. Cáncer ejemplifica el trágico círculo vicioso de sensibilidad->ser herido -> contracción -> insensibilidad -> producir daño a otros -> nuevamente ser victimizado, etc. Por mucho tiempo aprendemos entonces mediante el sufrimiento y el hacer sufrir.
Comprendiendo finalmente la futilidad del círculo vicioso, llegamos a comprender que éste sólo puede ser roto por el enorme esfuerzo de ser inofensivo, que demanda que pongamos todo de nuestra parte. Para ser inofensivo, dice el diccionario, significa ser libre de cualidades hirientes…¡auch!
Evitar hacer daño es el precepto central de todos los caminos religiosos y espirituales. Hacer a los demás como quisieras que te hagan a ti. Nuestra nueva era que se acerca profundiza este mandamiento religioso y centralizado, y lo convierte en un procedimiento científico, controlado que puede ser llamado Inofensividad Consciente.
Para el principiante en el sendero espiritual, la Inofensividad Consciente necesita ser sometida a la esfera de la relación personal. Para el servidor del mundo, las mismas leyes y técnicas necesitan ser aplicadas para el trabajo mundial. El servidor mundial, además del espejismo personal, enfrenta los espejismos de la Humanidad relacionadas con el problema mundial con el que él o ella están trabajando.
Para alcanzar esta “razonable libertad personal”, encuentro que las 3 Reglas para la Inofensividad son una guía invalorable; verdaderamente son “destructores de espejismos”. Los adjuntaré más abajo.
Muchas bendiciones para todos, Uta.
Regla Uno. Penetra en el corazón de tu hermano y ve su dolor. Entonces habla. Que las palabras pronunciadas le impartan la poderosa fuerza que necesita para soltar sus cadenas. Pero tú no las sueltes. Tuya es la tarea de hablar con comprensión. La fuerza que él reciba lo ayudará en su trabajo.
Regla Dos. Penetra en el corazón de tu hermano y lee sus pensamientos, pero sólo cuando sean puros los tuyos. Entonces piensa. Que los pensamientos así creados penetren en la mente de tu hermano y se mezclen con los de él. Sin embargo, mantente desapegado, porque ninguno tiene el derecho de influir en la mente de un hermano. El único derecho que existe le hará exclamar: “Él ama. Me acompaña. Sabe. Piensa conmigo y yo soy fuerte para hacer lo correcto”. Aprende a hablar así. Aprende a pensar así.
Regla Tres. Fusiónate con el alma de tu hermano y conócela tal cual es. Sólo en el plano del alma puede efectuarse esto. En cualquier otra parte, la fusión alimenta el combustible de su vida inferior. Entonces concéntrate en el plan. De este modo verás la parte que él y tú y todos los hombres desempeñan. Así penetrarás en la Vida y conocerás el trabajo realizado. (Tratado de Magia Blanca, Alice A.Bailey, pg. 233)
(Steve Nation)