Un tipo fue a visitar en la Unidad de Terapia Intensiva a su vecino japonés, víctima de grave accidente automovilístico.
Encontró al amigo japonés todo entubado. Era tubo por aquí, tubo por allá. Oxígeno, trasfusión de sangre, otro cable en la nariz, etc. Se quedó allí de pie, en silencio, al lado de la cama del amigo de ojitos cerrados, sereno, reposando con todas aquellas mangueras conectadas a su pequeño cuerpo.
De repente, en un momento dado, repentinamente, el japonés, conm los ojos casi fuera de órbita, grita:
“¡¡¡Sakaro aota nakamy anyoba, sushi mashuta, mashuta, mashuta!!!”
Dicho eso, abrió mucho la boca, suspiró y murió.
Las últimas palabras del amigo amarillo quedaron grabadas en la mente del tipo.
Doña Fumiko y doña Shakita, mi amigo Fuyiro, segundos antes de morir, estando los dos solos, me gritó estas palabras que no consigo olvidar:
“¡¡¡Sakaro aota nakamy anyoba, sushi mashuta, mashuta, mashuta!!!”
¿Qué quieren decir?
La madre de Fuyiro se desmayó casi al instante y la viuda lo mira asustada y el tipo insiste.
¿Qué quieren decir esas palabras, señora Shakita, porque me las gritó a mi ya que estábamos los dos solos?
La viuda lo mira con mirada asesina y responde:
Pues quieren decir exactamente… “¡¡¡No me pises la manguera del oxígeno, hijo de %&/*, hijo de %&/*, hijo de %&/*!!!”
(Consejo Rosacruz, Santa Fe, Argentina) |