ENTREVISTA A PEDRO CALLISAYA, UN HISTORIADOR AYMARA

Texto: Rafael Sagárnaga L.
Revista Dominical ¡OH! De Los Tiempos de Cochabamba.


Este es un extracto de una entrevista efectuada a Pedro Callisaya, un historiador e intelectual aymara. Hemos sacado muchas partes, porque no es nuestra intención poner criterios políticos, sino mostrar verdaderamente cómo es el movimiento indígena. Han surgido muchos sinsabores y separaciones entre los bolivianos, y es bueno que comprendamos a nuestra “otra parte”.

En enero de 2006, Pedro Callisaya recibió con beneplácito la asunción de Evo Morales. Sin embargo, ya entonces le preocupaban las características del cada vez más visible entorno del poder. Casi dos años más tarde, explica a ¡OH! los motivos de su disconformidad.

OH: Se ha hecho generalizada la definición de que el Gobierno es un gobierno indígena. Me parece que usted no está de acuerdo con ello, ¿por qué?

P. Callisaya : El denominativo de “gobierno indígena” queda muy alejado de la realidad. En un principio se pensó que se había llegado a ello. En enero de 2006 se veía la manifestación victoriosa de un conglomerado indígena. Pero aquella imagen pronto se desdibujó. Cedió paso a las posturas de una izquierda virtualmente acabada hace menos de 10 años y que hoy ha retomado completamente el poder.

Las corrientes indígenas del MAS se subordinaron a líneas maoístas, guevaristas, Troskistas u otras, que incluso se reciclaron desde la derecha. En Europa ya se asocia más a Evo Morales con la influencia de Fidel Castro o el “Che” Guevara. Y la llegada al poder del actual Presidente no fue producto de las luchas ni ideas de ninguno de ellos. El movimiento indígena se enmarca en un proceso mucho más anterior, desde la llegada de los españoles y tiene otras características e hitos.

OH: De acuerdo, pero pese a ello, García Linera y varios de los izquierdistas se refieren, abogan y hacen ejercicio teórico frecuentemente sobre los indígenas…

P. Callisaya: Pero lo hacen bajo una valoración de los ideólogos del marxismo. Para ellos valen más Marx y Lenin, y les dan continuidad con Castro y el “Che”. No vemos hasta hoy que se haya llevado un proceso que reivindique el pensamiento, la ideología y la filosofía de la lucha del mundo indígena. ¿Por qué no hablan de las causas por las que se sacrificaron los Amaru, los Katari, Pablo Zárate Villca, Juan Lero, Marcelino Llanque, Laureano Machaca…? En realidad, en este Gobierno se manipula al movimiento indígena. Ha sido instrumentalizado como mero símbolo folclórico de multitud, de masa.

OH: Una izquierda pragmática…

P. Callisaya: Pero que no inventa nada. Esto ya sucedió en el siglo pasado. En el sur de Perú, por ejemplo, entre 1910 y 1915, surgieron ideólogos indígenas de apellidos como Choquehuanca, Mamani, Quispe, pero inmediatamente aparecen los “indigenistas”. A estos últimos sí se les dio fama. Ahí están Valcárcel, Peralta, Mariátegui. En Bolivia también en 1930. ¿Se ha preguntado por qué se recuerda más a Elizardo Pérez y el proyecto de Warisata que a estructuras similares que fueron organizadas exclusivamente por indígenas? Marcelino llanque, Santos Marca Thula o Leandro Nina Quispe planteaban la liberación a través de la educación.

OH: ¿Qué ha pasado entonces con el movimiento indígena en el actual proceso?

P. Callisaya: Hasta cierto momento, primaron las raíces de identidad porque el Presidente y muchos dirigentes del MAS son indígenas pero formados en el movimiento sindical, que es otro tipo de corriente formadora. Prevaleció su formación y se fueron a anidar en la izquierda. Mientras tanto, el largo proceso histórico de las luchas indígenas queda latente en el área rural. Es más, está empezando a reaccionar ante el actual contexto. En las dirigencias, crece, poco a poco, un sentimiento de que han sido manipuladas.

OH: ¿Se equivocaron? ¿Cuál ha sido su error?

P. Callisaya: La falta de liderazgo. Lamentablemente la clase intelectual indígena no ha jugado un rol protagónico. Peor aún, el MAS está tratando de “izquierdizar” a las corrientes indígenas a semejanza de algunas sectas cristianas que van al campo a imponer valores ajenos a nuestro pensamiento.

OH: Pero volvamos a los liderazgos. El presidente Morales, el canciller Choquehuanca e, incluso, el ex ministro Félix Patzi han defendido valores. Ellos han impuesto símbolos y rituales, han propugnado políticas de corte indígena. ¿No significan acaso parte del movimiento? ¿Por qué no son líderes indígenas?

P. Callisaya: Muy bien, partamos por los liderazgos. Dentro de la cosmovisión andina y su simbología ritual, se considera muy sagrada a la pareja. El sol y la luna, el chachawarmi, la unidad complementaria que hacen el varón y la mujer. En el ayllu (comunidad), en la marca, en la tenta amazónica o en la jatha, el indígena que aspira a ser líder tiene que ir paulatinamente demostrando sus capacidades de dirigente a partir del chachawarmi. Junto a sus antecedentes de honestidad e integridad, debe ser ejemplo en el matrimonio. Para ser autoridad originaria se tiene que cumplir el requisito de vivir en pareja. Si la pareja demuestra que se ama, que es fiel, que sabe educar, alimentar y criar a sus hijos, entonces demuestra que puede dirigir a mayor cantidad de personas. ¿Los actuales líderes habrán dado fe de esa básica señal de respeto por la comunidad indígena? (Nota: tanto el Presidente como el Vice-presidente son solteros).

OH: ¿Y por qué entonces algunos amautas realizan rituales y ceremonias aymaras en Palacio de Gobierno u otros sitios, con y para las actuales autoridades?

P. Callisaya: Los que lo hacen están disfrazando al Gobierno. El ritual de ofrenda a la Pachamama (Madre Tierra), la Huajta o Lojta, es un acto de entrega de todo corazón para que la Madre Tierra y las deidades como los apus y los achachilas nos protejan. Y no se realiza en cualquier fecha y en cualquier lugar. Tenemos lugares sagrados como las apachetas, sacerdotes, amautas y más elementos que preparan el ambiente para que el hombre andino dialogue con la naturaleza y sus dioses. Incluso antes se llegaba a factores de purificación individual. Uno, por ejemplo, no debía tener actos sexuales antes de participar de esos rituales, no debía comer ajíes, tenía que presentarse con atuendos de pureza. Pero lo que hoy se realiza a nivel del Gobierno no sale del área ni de los intereses del Palacio Quemado.

OH: ¿Y el ritual que hubo en Tiwanaku en 2006? Para muchos tuvo una mística extraordinaria.

P. Callisaya: Deberían haberse fijado en los detalles: un primer Mandatario usando sandalias de goma y no cuero de vicuña. Tampoco podía llevar pantalones dentro de la indumentaria… Hay que conocer los rituales andinos para descubrir su mística.

OH: Pero contra todos ellos y contra la gente de clase media, ahora se movilizan grupos de indígenas con consignas de raza y discursos anticolonialistas.

P. Callisaya: Algo muy claro es que no los líderes indígenas, sino un grupo palaciego, se ha encargado de hurgar heridas como la de los 500 años en ciertos sectores sociales. Según sus intereses, ha creado grupos de fanáticos que se movilizan con sed de venganza y odio que dicen: “o con nosotros o contra nosotros”. Grupos a los que además se financia. ¿O usted cree que un campesino podrá dejar así nomás su chacra y ganado para marchar a Sucre?

OH: ¿Qué debería hacer el movimiento indígena frente a izquierdas y derechas?

P. Callisaya: Debe recuperar su proyecto. Un modo de vida diferente a los de izquierda y derecha que es lo que nos plantean como alternativa. Sus paradigmas de sociedad, política y economía están latentes. Ése deberá ser su aporte al mundo: mostrar que la paz es posible, que todas las razas podemos llevarnos como hermanos, que hay futuro. Explicar que debemos pensar en la globalidad y no en los intereses particulares. En la cosmovisión andina siempre se plantea el equilibrio, “el taypi”, no la confrontación racista que generan izquierdas y derechas.

En el mundo indígena, en el Tahuantinsuyo, no había racismo ni se inducía a la violencia. Recordemos que en Tiahuanacu vivía gente de tez blanca, “los chachapoyas”, con la que se convivió sin problemas durante cientos y cientos de años. Se propugnaba la armonía.

OH: Bueno, pero los “Ponchos Rojos” de Achacachi, Omasuyos, “chachapumas”, ¿no son acaso parte de una tradición indígena violenta?

P.Callisaya: Es una tradición, un estigma que nace en la Revolución de 1952. Algunos hermanos de Omasuyos pretenden reivindicarlo desde el periodo colonial o antes y es falso. El poncho no es una indumentaria ancestral, fue modificación de una indumentaria traída por los españoles, la capa. En Omasuyos, a partir de 1952, quedó la fama de un temible dirigente emenerista llamado Toribio Salas. Él fue apodado como el “wila-saco”, es decir, “el poncho rojo”. Y desde entonces allí se jactan de ser los ponchos rojos.

Mayor tergiversación resulta el mensaje de matar perros. Algo cruel, muy ajeno a la religiosidad andina. En los andes matar animales es lo peor. Los animales valen como las personas. Hasta las plantas. Si alguien pisa por accidente una planta de papa, hay que pedirle perdón. La matanza de perros recuerda otra vez el paso de la izquierda internacional, es una práctica de Sendero Luminoso.

OH: ¿Y, siendo tan religioso, el mundo andino propugna una lucha religiosa, digamos contra la Iglesia Católica ? El MAS de alguna manera lo ha hecho.

P. Callisaya: Sin duda, queda a la memoria de que la invasión española procedió a evangelizar al hombre andino porque lo veía muy arraigado a su religión. Hubo incluso el Concilio de Lima, para destruir las wacas (los sitios de los dioses andinos) y construir templos encima, la extirpación de las idolatrías. Ante ese nivel de agresión, la respuesta de los sacerdotes andinos fue el “Taquionkoy”. Se trata de una guerra espiritual por la que los dioses andinos deben volver a sus lugares en lugar del dios de los españoles. En cambio en el MAS, la izquierda indujo una lucha entre iglesia e indígenas mal preparados para dejarlos en vergüenza a ambos y quedar bien ella.

OH: ¿Qué traducción tiene el “Taquionkoy”?

P. Callisaya: “El retorno de la danza”. Los sacerdotes empezaron a bailar y recordaban a los comunarios que sus dioses debían volver.

OH: Nada de violencia ni expropiaciones…

P. Callisaya: No. Mas bien podría ser un mensaje inmerso en la música y la danza.

Pedro Callisaya se ha formado en la Universidad de San Andrés, ex presidente y actual miembro de la Asociación de Indígenas – Apu Pachacamayu. Forma parte del equipo que edita la revista “Realidades de Nuestra Historia”, perteneciente a la carrera de Historia de la Facultad de Humanidades de la UMSA. Escribe columnas para el periodico La Prensa. Es coautor del libro “Entre el Crepúsculo y la Claridad del Amanecer: los Urus”. Ha realizado diversos trabajos de investigación. Es además nieto del líder indígena Mariano Quispe de la población Ambaná.