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LECCIÓN 6: EL CAPITAL Y EL TRABAJO
En primer lugar, debemos reconocer que la causa de todos los malestares del mundo, de las guerras que ha arruinado a la humanidad y de la miseria que se ha extendido por todo el planeta, puede atribuirse en gran parte a un grupo de hombres egoístas, que con fines materialistas, durante siglos, ha explotado a las masas y h aprovechado el trabajo humano para sus propios fines egoístas.
Desde los señores feudales de Europa y Gran Bretaña en la Edad Media pasando por poderosos grupos comerciales de la Era Victoriana, hasta una pequeña minoría de capitalistas -nacionales e internacionales- que hoy controlan los recursos del mundo, ha surgido el sistema capitalista que ha llevado al mundo a la bancarrota. Este grupo de capitalistas monopoliza y explota los recursos del mundo y los productos necesarios para la vida de la civilización. Estos capitalistas han podido hacer esto porque poseen y controlan la riqueza y la retienen en sus manos mediante juntas directivas entrelazadas. Han producido la gran división entre los muy ricos y los muy pobres; aman el dinero y el poder que el dinero da; han sostenido gobiernos y políticos; han dominado los electorados, han hecho posible los estrechos propósitos nacionalistas de políticos egoístas; han financiado los negocios del mundo y controlado el petróleo, el carbón, la fuerza motriz, la luz y los transportes y, pública y anónimamente, el movimiento bancario del mundo.
EL CAPITAL
La responsabilidad de la gran miseria que prevalece hoy en todos los países del mundo corresponde, principalmente, a ciertos grupos interrelacionados de hombres de negocios, banqueros, directores de carteles internacionales, fundaciones, monopolios y organizaciones y a directores de grandes corporaciones que sólo buscan el beneficio de la corporación o el propio. No les interesa el bien público, excepto en lo que respecta a la demanda pública por mejores condiciones de vida, que les permitirá bajo la ley de la Oferta y la Demanda, proveer los productos, los transportes, la luz y la fuerza, y obtener mayores beneficios. Las características de los métodos empleados por tales grupos son; la explotación del potencial humano, el manipuleo de los principales recursos planetarios y la promoción de la guerra para beneficio comercial y persona…
Estos hombres y organizaciones -responsables del sistema capitalista- se encuentran en todas las naciones. Las ramificaciones de sus negocios y el dominio financiero sobre la humanidad ya estaban, antes de la guerra (2da. Guerra mundial), activas en todos los países, y aunque durante la guerra se han mantenido ocultos, todavía existen. Forman un grupo íntimamente relacionado; trabajan en completa unidad de ideas e intención, y se conocen y comprenden entre sí. Estos hombres pertenecen a las Naciones Unidas y las Potencias del Eje; han trabajado juntos antes y durante todo el período de la guerra, por medio de consorcios entrelazados, bajo nombres falsos y a través de organizaciones encubiertas, ayudados por los neutrales que piensan como ellos. Hoy a pesar del desastre que han provocado en el mundo, están organizando y renovando sus métodos; sus finalidades son las mismas; sus relaciones internacionales continúan; constituyen hoy la mayor amenaza que enfrenta a los hombres prominentes de cualquier nación; aseguran el silencio mediante amenazas, el dinero y el temor; amasan riquezas y compran una popularidad engañosa por medio de empresas filantrópicas; sus familiares llevan una vida cómoda y fácil y no conocen el significado de trabajar como Dios manda; se rodean de belleza, lujo y posesiones y cierran los ojos a la pobreza, a la desdicha, a la indigencia, a la desnutrición y a la sordidez de la vida de millones de seres; contribuyen a obras de caridad y a la Iglesia a fin de tranquilizar su conciencia y evitar el impuesto a la renta; proporcionan trabajo a muchos millares de hombres, pero dan un salario tan exiguo que imposibilita las verdaderas comodidades, el descanso, la cultura y los viajes.
Esto es una terrible acusación. Sin embargo, se pueden comprobar miles de casos; tal situación está gestando una revolución y un creciente espíritu de inquietud. Los pueblos despiertan y se agitan y está amaneciendo un nuevo día. Pero se inicia ahora una guerra entre los intereses económicos egoístas y las masas que exigen honestidad y una adecuada participación en las riquezas mundiales.
Entre aquellos que se hallan dentro del sistema capitalista, hay hombres cuya tendencia natural es pensar con criterio más amplio y humanitario y se dan cuenta del peligro que corren los intereses económicos. Estos hombres forman dos grupos principales:
Primero, aquellos que son verdaderamente humanitarios, buscan el bien de sus semejantes y no desean explotar a las masas ni beneficiarse con la miseria ajena. Han alcanzado posiciones de poder y de influencia, gracias a su capacidad o por haber heredado posiciones comerciales, y no pueden eludir la responsabilidad de manejar los millones puestos en sus manos. Frecuentemente se hallan entorpecidos por los socios de la empresa y están sujetos a reglamentos, por el sentido de responsabilidad hacia sus accionistas y porque comprenden que a pesar de lo que hagan, luchen o renuncien, la situación permanecerá igual. Esta es una tarea demasiado pesada para un solo individuo, de allí su impotencia. Son nobles y justos, honrados y bondadosos, sencillos en su modo de servir, poseen un exacto sentido de los valores, pero muy poco pueden hacer en forma decisiva.
Segundo, aquellos que son lo suficientemente capaces para interpretar los acontecimientos de la época, comprenden que el sistema capitalista no puede continuar indefinidamente ante el creciente encono de la humanidad y el constante surgimiento de los valores espirituales. Por consiguiente, comienzan a cambiar sus métodos, a universalizar sus negocios y a instituir cooperativas para sus empleados. Su egoísmo congénito los impulsa a introducir cambios, y el instinto de conservación determina sus actitudes. Entre éstos se hallan los que no pertenecen ni a uno ni a otro grupo, y constituyen campo fértil para la propaganda de los capitalistas egoístas y de los humanitarios altruistas.
Se podría muy bien añadir que el pensar egoísta y los motivos separatistas que distinguen al sistema capitalista se encuentran también entre los pequeños comerciantes, como el almacenero, el hojalatero, el tendero, que explotan a sus empleados y engañan a sus clientes, etc. Tenemos que luchar contra el espíritu universal egoísta y el ansia de poder. La guerra ha sido una depuración; ha abierto los ojos a los hombres en todas partes y les ha hecho ver la causa subyacente en ella, es decir, el malestar económico resultante de la explotación de los recursos del planeta por un grupo internacional de hombres egoístas y ambiciosos. Pero hoy tenemos la oportunidad de cambiar las cosas. La dificultad reside en que, mientras las masas no están preparadas ni saben qué hacer, los capitalistas aprovechan para actuar rápidamente con el fin de volver a los tiempos de antes.
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