Lecciones sobre el Dinero  

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LECCIÓN 5: EL PROBLEMA ECONOMICO

Este problema es básicamente el más fácil de resolver. Con sano sentido común puede lograrse. Hay recursos adecuados para el mantenimiento de la vida humana, y la ciencia puede acrecentarlos y desarrollarlos. Los bienes minerales del mundo, el petróleo, el producto del campo, la contribución del reino animal, las riquezas del mar y los frutos y las flores, se ofrecen a la humanidad. El hombre controla todo y pertenece a todos; no es propiedad de un grupo, nación o raza. Se debe exclusivamente al egoísmo del hombre que (en estos días de rápida movilidad) millares de personas perezcan de hambre mientras que los alimentos se pudren o se los destruye; debido a los planes codiciosos y a las injusticias financieras de los hombres, los recursos del planeta no están universalmente disponibles de acuerdo a un inteligente sistema de distribución. No existe excusa que justifique que en alguna parte del mundo se carezca de las cosas esenciales para vivir. Tal carencia acusa una política miope y el bloqueo del libre traslado de los artículos de primera necesidad, por una u otra razón. Todas estas condiciones deplorables se basan en algún egoísmo nacional o grupal, y a que no se ha preparado un proyecto imparcial inteligente para satisfacer la necesidad humana en todo el mundo.

¿Qué otra cosa puede hacer además de educar a las generaciones venideras sobre la necesidad de compartir, y para que circulen libremente los artículos esenciales de primera necesidad? La causa de este erróneo modo de vivir es muy simple. Es producto de antiguos métodos educativos erróneos, de la competencia y de la facilidad con que pueden ser explotados los indefensos y los débiles. Ningún grupo en particular es responsable, como hacen suponer a los ignorantes ciertos ideólogos fanáticos. En nuestro período hemos llegado simplemente a la culminación del egoísmo humano, al que, o se le pone fin inteligentemente, o destruirá a la humanidad.

Tres cosas terminarán con esta condición de gran riqueza y extrema pobreza, la superabundante alimentación de unos pocos y el hambre de los muchos, además de la centralización del producto del mundo controlado por un puñado de personas en cada país. Estas son: primero, el reconocimiento de que hay suficientes alimentos, combustibles, petróleo y minerales en el mundo, para satisfacer la necesidad de toda la población. En consecuencia, el problema es básicamente de distribución. Segundo, ésta premisa de provisión adecuada, manipulada por la correcta distribución, debe ser aceptada y las provisiones esenciales para la salud, la seguridad y la felicidad del género humano, deben estar disponibles. Tercero, que todo el problema económico y la institución de reglas necesarias y agencias distribuidoras, deberían ser manejadas por una liga económica de naciones, en la cual todas las naciones tendrán cabida; conocerán sus necesidades nacionales (basados en la población y los recursos internos, etc.) y sabrán también con qué pueden contribuir a la familia de naciones; todas estarán animadas por la voluntad al bien general -voluntad al bien que probablemente se basará, ante todo, en la conveniencia y la necesidad nacionales, pero será constructiva en su acción.

Ciertos hechos son evidentes. El viejo orden ha fallado. Los recursos del mundo cayeron en manos de los egoístas y no hubo una justa distribución. Algunas naciones tuvieron demasiado y explotaron sus excedentes; otras muy poco y, por ello, su vida nacional y su situación económica se perjudicó. Al final de ésta guerra (2da. Guerra mundial) todas las naciones estarán en dificultades financieras, todas necesitarán ser reconstruidas y todas tendrán que dedicarse activamente a arreglar la futura vida económica del planeta y ajustarla sobre líneas más sólidas.

El período de reajuste ofrece la oportunidad de efectuar cambios drásticos y profundamente necesarios y establecer un nuevo orden económico basado en la contribución de cada nación al todo, en la participación de los artículos de primera necesidad y en el inteligente acopio de todos los recursos para beneficio de la totalidad, más un sensato sistema de distribución. Un plan así es factible.

La solución ofrecida aquí es tan sencilla que, por esa misma razón, quizá no llame la atención. La cualidad que deben poseer quienes preparan el cambio del enfoque económico es tan simple, que hasta la voluntad al bien puede ser pasada por alto, pero si no hay sencillez y buena voluntad, poco podrá efectuarse después de la guerra mundial. Se necesitarán hombres de visión, bien conceptuados con conocimiento técnico e interés cosmopolita, los cuales deben tener también la confianza del pueblo, reunirse y establecer las reglas por las cuales el mundo se alimente adecuadamente; determinar la naturaleza y la extensión de las provisiones que deberán entregarse a cada nación; así se crearán esas condiciones que mantendrán circulando equitativamente los recursos del mundo y prepararán esas medidas preventivas que contrarrestarán el egoísmo y la codicia humanos.

¿Puede encontrarse un grupo de hombres así? Creo que sí. En todas partes hay quienes estudian profundamente la naturaleza humana, hay investigadores científicos de gran simpatía humana, y hombres y mujeres conscientes, que durante largo tiempo bajo el antiguo y cruel sistema lucharon con el problema del dolor y de la necesidad humanos.… gran parte de la Energía de Inteligencia (debido a la percepción y deseos egoístas de la humanidad) se ha cristalizado en dinero. La inteligencia humana ha servido al aspecto materialista y no al aspecto de los valores espirituales. El dinero es la expresión concretizada del tercer tipo de energía espiritual. Esta expresión particular hizo su primera aparición en el antiguo sistema, análogamente materialista de trueque e intercambio; luego en civilizaciones posteriores (incluyendo predominantemente la nuestra) apareció el dinero, primero acuñado con los productos del reino mineral y después en papel moneda, fabricado con productos del reino vegetal, culminando en la actual preocupación por el dinero. Hay un significado profundamente oculto en el enunciado de El Nuevo Testamento de que "el amor al dinero es la raíz de todo mal". El dinero y el egoísmo están detrás de la actual desastrosa situación económica. En realidad recibir dinero o este tipo de energía, constituye para los grandes financistas la línea de menor resistencia y poseen además la voluntad de obtener grandes fortunas, lo cual no se puede negar. Se empeñan en hacer fortuna; aplican su inteligencia para alcanzar su meta y nada puede detenerlos. Muchos son puramente egoístas; hay quienes consideran que su dinero les ha sido confiado para ser administrado y utilizado por otros, y son asombrosamente generosos en un sentido filantrópico y humanitario. Estos hombres son receptivos al primer tipo de energía y con frecuencia los tres tipos de energía, hallan en ellos un canal, lo cual beneficia al mundo grandemente, y estos hombres son muy raros. El aspecto cristalizado de esta tercer energía, el dinero, debe aún ser empleado en gran escala para llevar a cabo el trabajo de la Jerarquía. Respecto a esto y en conexión con el dinero, será la gran prueba para la buena voluntad.

El mal reinante en el mundo no impide la revelación ni obstaculiza el desenvolvimiento de la vida espiritual, porque dicho mal es el resultado de la mala comprensión y la errónea orientación de la mente humana, de la importancia dada a las cosas materiales, provocada por la activa rivalidad durante largas épocas. Corresponden a las organizaciones religiosas de todo el mundo, preservar la verdad en toda su pureza y evitar la idea fanática de que cualquier interpretación individual de la verdad debe necesariamente ser la única y correcta. Los teólogos se han esforzado sinceramente, en defender frases que creían la única y correcta formulación de la idea divina, quedando Cristo olvidado tras esas palabras; los eclesiásticos se abocaron con todo su esfuerzo y capacidad a la tarea de reunir fondos para la construcción de edificios, mientras que los Hijos de Dios de todas partes, desnudos y hambrientos, perdieron así su fe en el amor divino.

¿Cómo puede satisfacer la necesidad que tiene la humanidad de ser guiada, cuando los mandatarios de las iglesias están tan ocupados en cosas terrenales, si la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Griega Ortodoxa y las Iglesias Protestantes hacen hincapié en la pompa y la ceremonia, los grandes templos y las catedrales, los copones de oro y plata para la comunión de los fieles, los birretes escarlata, las indumentarias cuajadas de joyas y toda la aparatocidad tan apreciada por la mentalidad eclesiástica? ¿Cómo puede socorrerse a los niños que se mueren de hambre en todo el mundo, y en particular en Europa, si el Papa y los Obispos piden dinero para construir catedrales y erigir más iglesias, cuando las que hay están vacías? ¿Cómo puede brillar de nuevo la luz en la mente de los hombres si los eclesiásticos mantienen a los pueblos atemorizados, si no aceptan las antiguas interpretaciones teológicas ni los antiguos modos de acercarse a Dios? ¿Cómo puede hacerse frente a las necesidades espirituales e intelectuales de la gente, si los seminarios teológicos no enseñan nada nuevo ni apropiado para este día y época, pero envían jóvenes para orientar a la humanidad que sólo conocen las interpretaciones del pasado? Dicha juventud comienza su entrenamiento y preparación religiosa para el sacerdocio con la determinación de salir adelante y alcanzar un puesto prominente en la iglesia… Hoy las personas de todas partes están en condiciones de recibir la luz; esperan una nueva revelación y una nueva dispensación; tanto ha avanzado la humanidad en el sendero de evolución que estas demandas y expectativas, ya no están únicamente revestidas en términos de mejoramiento material, sino en términos de visión espiritual, valores verdaderos y correctas relaciones humanas. Piden enseñanza y ayuda espiritual, conjuntamente con el alimento necesario, ropa y oportunidad de trabajar y vivir en libertad; enfrentan el hambre en grandes zonas del mundo y, con igual congoja, experimentan también el hambre del alma.

La unidad, la paz y la seguridad vendrán mediante el reconocimiento, inteligentemente comprobado, de los males que ha traído la presente situación mundial, para luego dar los pasos inteligentes y comprensivos que conducirán al establecimiento de rectas relaciones humanas, a sustituir el actual sistema de competencia por el de colaboración, y a educar a las masas de todos los países respecto a la verdadera buena voluntad y su potencia hasta ahora no utilizada. Esto significaría distraer grandes cantidades de dinero en sistemas correctos de educación, en vez de emplearlo para la guerra y convertirlo en ejércitos, marina y armamentos. Esto es lo espiritual y lo importante; y para ello deben luchar todos los hombres. La Jerarquía Espiritual del planeta está especialmente interesada en encontrar a los hombres que deseen trabajar en este sentido; su principal interés se halla en la humanidad; comprende que los pasos que dé la humanidad, en el futuro inmediato, condicionarán la nueva era y determinarán el destino del hombre. ¿Será un destino de aniquilamiento, de guerra planetaria, de hambre y de pestes mundiales, de guerra de una nación contra otra nación, y de completo derrumbe de todo cuanto hace la vida digna de ser vivida? Todo esto puede ocurrir si no se hacen cambios fundamentales inspirados en la buena voluntad y en la comprensión amorosa…

¿Qué es lo que en estos momentos parece obstaculizar la unidad mundial e impide que las Naciones Unidas lleguen a concretar las soluciones que el hombre de la calla espera tan ansiosamente? No es difícil hallar la respuesta, e involucra a todas las naciones: nacionalismo, capitalismo, competencia, codicia ciega y estúpida…

Todo el mundo desea seguridad, bienestar y relaciones pacíficas. Pero no podrá haber paz hasta que las Grandes Potencias, en colaboración con las naciones pequeñas, hayan resuelto el problema económico en particular, sino a toda la humanidad. El petróleo, la riqueza mineral, el carbón, el trigo, el azúcar y los granos del mundo pertenecen a todos los hombres. Son elementos esenciales para la vida de todos. El verdadero problema de las Naciones Unidas es doble: implica distribuir adecuadamente los recursos del mundo a fin de que no haya necesidades, y dar igual oportunidad y educación a los hombres de todas partes. Las naciones que poseen grandes recursos en realidad no son sus dueños, sino custodios de la riqueza del mundo y depositarios de la misma, para bien de sus semejantes. Llegará inevitablemente el momento en que, en bien de la paz y de la seguridad, los capitalistas de las diversas naciones se verán obligados a darse cuenta de ello y a reemplazar el viejo principio (que los ha regido hasta ahora) de adueñarse codiciosamente de los recursos, por el principio de compartir.

Hubo un tiempo -hace cien años o más en que la justa distribución de la riqueza hubiera sido imposible. Pero hoy no es así.

No puedo dar ningún consejo al mundo que lo conduzca a la perfección, ni tengo la solución que traiga un alivio inmediato… para los guías espirituales de la raza, ciertas líneas de acción parecen correctas y garantizan actitudes constructivas…

Ha de establecerse que el fracaso se debe, principalmente a dos cosas:

1. Los esfuerzos se han agotado porque se han ocupado de los efectos y no de las causas subyacentes, conocidas por unos pocos. El intento ha sido hecho para corregir errores, desenmascarar al mal y a las personalidades inescrupulosas, y para atacar a organizaciones, grupos, partidos, religiones y experiencias gubernamentales. Esto ha llegado a ser, en apariencia, una inútil pérdida de tiempo, de fuerza, de energía y de dinero.

2. No se ha hecho ningún esfuerzo para reunir y fusionar en un todo organizado a los hombres de buena voluntad, de intención amorosa y pacífica, inteligentemente amable y bondadosa, a fin de colaborar en grandioso conjunto. Constituyen una enorme cantidad de personas que odian la guerra porque consideran hermanos a todos los hombres, pero no ven la forma de darle fin, porque todas las organizaciones que persiguen ese objetivo, en último análisis, son impotentes. Se apenan por la desgracia económica, pero no saben qué hacer, porque los diversos grupos que tratan el problema culpan a los demás y buscan la víctima propiciatoria, siendo conscientes del fracaso de los innumerables esfuerzos para lograr el bien.

La distribución de los recursos del mundo y la ajustada unidad de los pueblos, son en realidad, una misma cosa, porque detrás de todas las guerras modernas existen siempre un problema económica fundamental. Cuando éste se solucione, las guerras cesarán en su mayor parte. En consecuencia, al considerar el mantenimiento de la paz, que las Naciones Unidades en la actualidad trata de lograr y hacer resaltar, se evidencia inmediatamente que la paz, la seguridad y la estabilidad del mundo se hallan principalmente ligadas al problema económico. Una vez que nos hallemos libres de necesidades, desaparecerá una de las causas principales de la guerra. Cuando la distribución de la riqueza del mundo no es equitativa y existe el problema de que unas minorías lo acaparan todo mientras otras carecen de lo más elemental, por lo tanto, es necesario hacer algo para evitarlo.

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